sábado, 27 de diciembre de 2014

La hora dorada.


Me siento debajo de la vid en ciernes.
El silencio habita el espacio de la hora dorada.
El sol se refleja discretamente en los edificios -en la cumbre de Los Andes, en mi jardín-, como si no quisiera interrumpir la paz de la tarde.

En el edificio contiguo una niña entona una canción navideña con un balbuceo infantil.
Sobre las altas palmeras pían zorzales nuevos.
Las palomas bajan a beber agua en el patio donde crecen poco a poco los duraznos, las plantas de tomates y las diminutas albahacas.
Mi clepia perfuma todo el lugar.

El tiempo detenido en un instante eterno e infrecuente vuelve a moverse en la bocina estridente de algún torpe conductor que circula por la calle despoblada.



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¡Mira, el invierno se ha ido,
    y con él han cesado y se han ido las lluvias! 
 Ya brotan flores en los campos;
    ¡el tiempo de la canción ha llegado!
Ya se escucha por toda nuestra tierra
    el arrullo de las tórtolas.
 La higuera ofrece ya sus primeros frutos,
    y las viñas en ciernes esparcen su fragancia.

Cantares 2:12-13 (NVI)

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martes, 23 de diciembre de 2014

Navidad debajo de un techo de totora.

Día fresco.
Pequeña neblina.
Horizonte aclarando.
Pronóstico,  buen tiempo.
Santiago atascado.
Desvíos.
Retraso.
El automóvil nos lleva en breve tiempo por la Cuesta Barriga, grandes campos, enormes cerros, valles verdes y fructíferos.
Llegamos a un amplio espacio de juegos, rodeado de limoneros.
Pataguilla.
Una ancha casona con techo de totora, mesas rústicas, ambiente de campo, informal y limpio.
Los jóvenes se entretienen con las selfies, los pequeños juegan, las mujeres preparan jugos naturales, los hombres conversan.
Las mesas servidas, en una esquina bien decorada está la torta de cumpleaños.
Cumpleaños de Jesús.
Nadie tiene prisa, excepto, claro está, los niños que esperan sus regalos.

En el lugar no hay vestigios de algún Viejo Pascuero, ni el delirio del comercio con sus luces a toda potencia o el ajetreo de las calles saturadas de la Capital, o la desilusión al no recibir el regalo soñado.
La celebración tiene un aire festivo y cristiano.
Hablamos de Jesús, del sentido que tiene la Navidad, compartimos los alimentos –panes dulces, bebidas, jugos-, todo entre risas, discursos improvisados y villancicos sin estridencias.
Una obra de teatro adecuada a la celebración.

Observo el techo de paja y convengo que tal vez cuando nació el niño lo hizo debajo de algo parecido a esto, en un día como este, como cualquier niño nacido de mujer.


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De su plenitud todos hemos recibido 
gracia sobre gracia, 
pues la ley fue dada por medio de Moisés, 
mientras que la gracia y la verdad
 nos han llegado por medio de Jesucristo



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domingo, 21 de diciembre de 2014

¿Qué logré este 2014?

Hurgando entre la multitud de papeles que guardo en mi oficina encontré una lista de sugerencias prácticas que se nos dio en la clase de teología, para realizar el 2014.
¡Aleluya!, he logrado algunas.
¡Ay!, no he logrado otras.
Tal vez eran de largo aliento, tal vez no puse tanto empeño, tal vez me envolvieron los acontecimientos imprevistos.

Una cosa de la cual sí estoy maravillada, el poder de Dios para cambiarnos y renovarnos.
Él ha logrado aquello por lo que luché largo tiempo. Mis fuerzas fueron siempre insuficientes para  cambiar la mujer inconstante e indiferente que era.
Su gracia ha logrado que mantenga este blog, su gracia me ha dado un carácter un poco más amable, su gracia me hace soportar mis múltiples debilidades sin estar siempre culpándome de algo, como dice un dicho chileno “sin darse puñaladas con ajo”.

Si algo he logrado de la lista aquella es tener amor y compasión por otros seres humanos.
Si algo puedo esperar del año que se inicia es que Él complete la obra que ha iniciado en mi vida.
¡Dios sea glorificado!
Su poder se reconozca en toda la extensión de la tierra, por cada ser humano que abre sus ojos cada día para contemplar las obras increíbles que Él hace.



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( Dice el Señor Dios):


"Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios,
    conocimiento de Dios  más que ofrendas quemadas" 


Oseas 6:6

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Clepia.


¡Cómo ha crecido mi Clepia!
Hace un año era una bebé, hoy se ha llenado de flores.
Todavía es uno de los mejores regalos de Navidad.
¡Gracias, Dios!, solo Tú puedes crear de la nada tanta belleza.


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 Hasta el lugar desolado y el desierto estarán contentos en esos días;
    la tierra baldía se alegrará y florecerá el azafrán de primavera. 
 Así es, habrá abundancia de flores,
    de cantos y de alegría.
Allí el Señor manifestará su gloria,
    el esplendor de nuestro Dios.


Isaías 35:1-2 (NTV)


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lunes, 15 de diciembre de 2014

Ley humana- Gracia de Dios.


                  Ley humana:
               - El que la hace, la paga.
               - Se cosecha lo que se siembra
               - Quien siembra vientos, cosecha tempestades.
               -  Palos porque bogas y palos porque no bogas.
               - Le haré morder el polvo.
               - Le pagó con la misma moneda
               - Ni perdón ni olvido
               - La venganza es un plato que se sirve frío.
               - Le sacó los trapitos al sol.
               - La ley del embudo.
               - El pez más grande se come al más chico.
               - Poderoso caballero es don dinero.
               - Del árbol caído todos hacen leña
               - El que ríe último, ríe mejor.


 Gracia de Dios: 
- Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús...

El Señor Jesucristo, aunque era rico, por amor a ustedes se hizo pobre.... (2 Corintios 8:9) 

- Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados. (Efesios 1:7) 

- Dios los salvó por su gracia cuando creyeron.  (Efesios 2:8) 

- Cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor (Marcos 11:25) 

- No juzguen a los demás... No condenen a otros.... Perdonen a otros, y ustedes serán perdonados. (Lucas 6:37) 

- Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer. Si tiene sed, dale de beber. (Romanos 12:20)

 - Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los odian, y oren por quienes los persiguen, para que sean ustedes hijos de su Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5:44-45) 



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Carentes de gracia.

Viajamos por la carretera al funeral de la Juani.
De pronto se nos cruza un auto para adelantar.
Nuestra conductora debe subir a la vereda para evitar el choque, el imprudente conductor se pierde velozmente por la autopista.
En la fila del súper alguien se demora, una mujer joven reclama.
En el Metro nadie da su asiento a los ancianos. Menos a una joven embarazada.
Suma y sigue.
Vivimos en un mundo huérfano de gracia, aun en las iglesias se practica “el que la hace la paga” aprendido en la educación humanista.
El que se humilla es mirado como alguien “raro”.
El que concede el perdón de una deuda casi un “extra-terrestre”.
Nadie cede frente a las necesidades del otro, de su cotidiano vecino.
Estamos claros que nada es gratis, ley y  orden,  ojo por ojo –no lo expresamos tan tajante-,  todo cuesta.
Cuando pienso en la gracia reuerdo al padre de la parábola del hijo pródigo.
Un padre que cede a un requerimiento extravagante “dame mi herencia”.
Un padre que sufre la ausencia del hijo.
Un padre que no reprocha cuando regresa quebrado.
Un padre que restaura al caído.
Un padre que lo defiende aun contra su hermano.

 Me estremecen mis carencias, mi mente legalista, mi ojo crítico.
Pido perdón una y otra vez.
Y Él me perdona.
No quiero olvidarlo cuando tenga que hacer lo mismo, dar de gracia (sin condiciones previas) lo que he recibido.

Tan bien lo expresa el apóstol Juan: “ El Verbo (La Palabra) se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito (único) del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14)” 




(Detalle de la pintura El retorno del hijo pródigo obra del pintor holandés Rembrandt.)



lunes, 8 de diciembre de 2014

Gracia.

¿Cuál es la única cosa que la iglesia puede ofrecer 
 y que el mundo no puede conseguir en ningún otro lugar? 
Gracia.”

 (John Ortberg) 

Diciembre presagia buen tiempo. 
Algunos ya van de vacaciones. 
O hacen viajes cortos a la Costa Pacífico los fines de semana. 
Yo leo. 
Nada tan gratificante después de admitir que el golpe de la violencia vivida recientemente  nos ha dejado un poco desconcertados.

Leo sobre la gracia. 
De las 199 veces que aparece (en mi versión Reina Valera '60), el apóstol Pablo se refiere a ella 20 veces en su carta a los Romanos.

Digo gracia y recuerdo la canción “Sublime Gracia”.
Pienso en mi madre que renunció a un esposo para no darme un padrastro. 
Me viene a la mente “mi amiga de milicia” en el sudeste asiático. 
Cuando digo “gracia” me inclino con gratitud delante de Dios porque ha cercado mi vida de afectos inmerecidos, regalos luminosos, días de gloria que jamás soñé. Una infancia que, aun carente de bienes materiales, fue rica en alegrías, amistades y cariño. 
Digo gracia y evoco los días donde aprendí a leer, el momento de la revelación de las palabras, la tarde cuando inclinada sobre el silabario algo gatilló en la mente y se abrió al prodigio desconocido y asombroso. 

La gracia de Dios me ha regalado millones de momentos extraordinarios, sencillos, ingenuos, exuberantes, cada uno distinto. 
Cuando en noches insomnes me tiendo a esperar el sueño, cuento una a una las bendiciones, me quedo dormida antes de poder recopilarlas todas. 
Y por sobre todo lo que ha ocurrido, lo que ocurre o ocurrirá, está la mayor gracia, el día inigualable que nace el pequeño Jesús, como un mortal, sujeto a nuestras mismas opciones y costumbres. 
Crecer, estudiar, escribir, comer, jugar, reír, llorar, los mil verbos que se conjugan en un niño y forman una vida.


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 Por la gracia de Dios soy lo que soy, 
y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. 

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miércoles, 3 de diciembre de 2014

La violencia (parte 2)


Si creíamos que la violencia –parte de la cultura humana- se había instalado en Chile, estábamos muy equivocados.
A pesar de todo somos un país tranquilo, según los informes mundiales.

Ferguson.
Cuando oí por primera vez la noticia pensé que se refería a algún apellido ilustre.
¿Qué ha pasado en Ferguson que nos revele algo de las conductas modernas?

Uno, que no tenemos nada de modernos.
Dos, que la violencia rompe cualquier civilización, estatus educativo, económico o racial.
Tres, que a pesar de leyes y buenos proyectos, el mundo sufre de males endémicos como la discriminación.

Los hechos:
Un adolescente negro asesinado.
Un policía blanco le ha disparado.
Ferguson, Missouri, un suburbio de St. Louis.

 La noticia: Al menos 25 edificios en los alrededores de Ferguson, Missouri, fueron quemados en la ola de violencia que siguió al anuncio de que Darren Wilson, un policía blanco, no sería acusado de la muerte a tiros del joven Michael Brown (ver acá…)
Caos, ira y dolor.
Frustración.
Desmadre.
¿Mala decisión de la autoridad judicial?
¿Segregación?
¿Parcialidad?
¿Injusticia?
Todo un cóctel para arruinar cualquier intento de pacifismo.

Los analistas que tratan de explicar integralmente el asunto se han quedado cortos.
Porque la violencia nace en el corazón del hombre, como lo dice Rubén Darío en:  Los motivos del lobo, ese memorable poema que escuché recitar a un compañero de Seminario: “"En el hombre existe mala levadura.”

O como cita el libro santo: “Dirigí entonces la mirada hacia tanta violencia que se comete bajo el sol, y pude ver que los oprimidos lloran y no hay quien los consuele; y no hay quien los consuele porque el poder está en manos de sus opresores.” (Eclesiastés 4:1 RVC)

Hoy conocí una “gringa”. 
Entre su mal español y mi peor inglés algo le entendí: “No me siento extranjera en Chile porque en Cristo ustedes son mis hermanos y aquí me siento en casa”. 

Si hemos olvidado  la receta, ¡por Dios, necesitamos recuperarla!





lunes, 1 de diciembre de 2014

La violencia (parte 1)

Abordo el Metro a la hora punta.
La multitud aprieta, empuja, porfía por entrar a un carro atiborrado.
Una señora sube después de bastante trabajo con una bolsa de compras –nada voluminosa-, a los pasajeros no les parece bien y se lo señalan con poca cortesía.
No ha roto ninguna regla de convivencia, me parece una reacción exagerada y descortés.

Mientras el tren se mueve lentamente siento el aire de nerviosismo que se respira en la ciudad, el estrés galopante que rodea las vías de ida al trabajo o de vuelta a casa.
Me impresiona la poca tolerancia de los usuarios, aunque en su descargo debemos notar que el sistema es fastidioso, impredecible, incómodo y totalmente saturado.
Lejos está aquel Metro olor a nuevo, amigable, vías expeditas, gente contenta, hasta había asientos desocupados. Hoy, si logras subir a un carro hay que alegrarse.

El escritor Roberto Ampuero en alguna parte escribe, “ Chile, más que “un paisaje”, como lo define Nicanor Parra, o “una loca geografía”, como lo describe Benjamín Subercaseaux, es un estado de ánimo.”

Nuestros estados de ánimo en la ciudad van fluctuando entre la depresión, la euforia y la violencia.
Días donde pareciera que a todos les pisaron los callos.
Otros presurosos por llegar a ver la tv, como si de esta dependiera todo bienestar.
Días de queja contra el mundo, desde la Presidenta, los políticos (tema recurrente)  hasta el último e ignorado funcionario.

Pocos días de alabanzas a Dios.
Poca gratitud.
En las calles no se oye música.
Casi no he escuchado  las campanas.

Tal vez llegando diciembre volvamos a un estado cordial con el prójimo.
Tal vez diciembre nos traiga el regalo de la paz en el alma.

Oro por eso.



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 El que es paciente muestra gran discernimiento;
    el que es agresivo muestra mucha insensatez.


Proverbios 14:29 (NVI)

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viernes, 28 de noviembre de 2014

Gracias, Chespirito.


Cuando muere alguien importante en nuestra vida, quedamos confundidos, estremecidos, sin atinar a decir una palabra.
Yo quiero hoy sentarme en soledad y llorar.
Llorar con los que lloran.
Porque hasta hoy la muerte es la vencedora.
Porque perdemos lo que amamos.
Porque nada puede suplir esa persona en nuestra vida.

 No, no solo quiero llorar.
Quiero  agradecer  Dios por dar a los seres humanos esos dones maravillosos que hacen de nuestro mundo un lugar vivible, nos hacen olvidar las penas y llenan nuestra existencia de risas y color.
Chespirito, gracias por todo.


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Oí una voz que desde el cielo me decía: 
Escribe: 
Bienaventurados de aquí en adelante 
los muertos que mueren en el Señor. 

Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, 
porque sus obras con ellos siguen. 


Apocalipsis 14:13 

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lunes, 24 de noviembre de 2014

Venganza o perdón.

Se habla del perdón. 
Se reflexiona acerca de perdonar al ofensor. 
He escuchado prédicas apasionadas acerca del… 
Estudiamos las palabras de la Biblia … "No busquemos vengarnos, amados míos. Mejor dejemos que actúe la ira de Dios, (Romanos 12); Y cuando oren, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en los cielos les perdone a ustedes sus ofensas. (Marcos 11:25)  
Hablamos de lo bueno que es perdonar. 
 Hablamos de la “segunda milla” con maestría. 

Hasta que alguien asesina tu hijo. 
Hasta que el cuchillo se clava en el corazón de tu hermano.
Ahi´la palabra perdón se borra del diccionario. 
Desaparece del habla cotidiana. 
La ira la reemplaza por términos como “venganza”, “represalia”, "desquite" o “muerte al asesino”. Más aún: "que se pudra en la cárcel", "que sus hijos reciban lo mismo" (y otras irreproducibles)

Nunca he sido ofendida más allá de las palabras. 
Nadie me agredió con un arma. 
En mi familia nadie fue torturado, detenido, desaparecido o acuchillado. 
¿Sé algo del perdón o la venganza más allá de la teología? 
Si alguien habla de venganza ¿puedo censurarles por anidar esos bajos instintos?
¿Acaso yo no he proferido ofensas por asuntos muy menores como un robo, un engaño o una estafa? 
Quizás si alguien me estuviera clavando las manos a un madero y le dijera “te perdono porque no sabes los que haces”, podría hablar con conocimiento de causa. 

Opinar es un deporte que practicamos con entusiasmo. 
Por esta vez, yo paso. 



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No paguemos a nadie mal por mal. 
Procuremos hacer lo bueno a los ojos de todo el mundo. 
Si es posible, 
y en cuanto dependa de nosotros, 
vivamos en paz con todos.

No busquemos vengarnos, amados míos. 
Mejor dejemos que actúe la ira de Dios, porque está escrito: 
«Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.» 

Por lo tanto, si nuestro enemigo tiene hambre, 
démosle de comer; 
si tiene sed, démosle de beber. 
Si así lo hacemos, 
haremos que éste se avergüence de su conducta. 
No permitamos que nos venza el mal. 
Es mejor vencer al mal con el bien. 

Romanos 12:16-21 


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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Todo pasa.


 (No puedo negarlo, Juan Luis Guerra ha compuesto canciones que han hecho historia en nuestros países, en el corazón de Latinoamérica y tal vez en otros lugares ¿por qué no? 
Doy gracias a Dios por este álbum y deseo que tenga grandes y preciosos frutos para el reino de los cielos..
Un video para que lo disfrutes.)


Tú me preguntas ¿cómo nace el horizonte?
¿Como cabalga un pensamiento por el rio?
¿Cual es el vientre que dio a luz al polo norte
Temblando de frio?
¿Cómo se ordeña la mañana en primavera?
¿Cómo se afinan los bemoles del roció?
Y entre preguntas y preguntas nos llegó la tarde
Y esta respuesta te di...

Todo pasa, la ciruela pasa
El fruto la rama y la mata
Todo pasa, el pobre y el rico
Por más que te afanes te digo
Todo pasa, la harina y la masa
 El pan cotidiano de casa
Todo pasa, todo pasa, todo pasa
¿Cuál es el tono de una hormiga enamorada?
 ¿Cómo se peinan los cabellos de los lirios?
¿Quien pinta el labio de la luna
Cuando está de fiesta bailando contigo?
¿Cual es el diccionario de las aceitunas?
¿Cómo se nace por segunda vez cariño?
Y entre preguntas y preguntas al llegar la noche
Esta respuesta te di...
Todo pasa, la ciruela pasa
La uva, la rama y la mata
Todo pasa, el pobre y el rico 
Con todos sus panes, te digo
Todo pasa, la harina y la masa
El pan cotidiano de casa
Todo pasa, todo pasa, todo pasa
El viento del mar y las nubes de sal y de plata
El tiempo que va circulando en un viejo reloj 
La cuna que duerme el silencio 
 El oro con su resplandor 
El sueño del hielo, la escarcha, la osa mayor 
Yo te digo... 

Todo pasa, la ciruela pasa 
El fruto la rama y la mata 
Todo pasa, el pobre y el rico 
Por más que te afanes te digo 
Todo pasa, la harina y la masa 
El pan cotidiano de casa 
Todo pasa, todo pasa, todo pasa 

Lo único que nunca pasa es el amor 
Lo único que nunca pasa es el amor 
Aunque se muevan los mares 
Y se tambaleen los ríos 
Y la tierra se quebrante bajo el sol 
 Lo único que nunca pasa es el amor 
 Lo único que nunca pasa es el amor 
Aunque pasen las montañas 
Y se muden los caminos 
Nadie podrá separarme de mi Dios 
Lo único que nunca pasa es el amor 
Lo único que nunca pasa es el amor 
Lo único que nunca pasa es el amor 
Yo te digo... 

Lo único que nunca pasa es el amor.


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"El amor jamás dejará de existir. "

1 Corintios 13:8

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Link para escuchar en youtube:







lunes, 17 de noviembre de 2014

Orando por la ciudad.

Pienso en esa ciudad.
La ciudad donde matan cristianos.
La que los expulsa.
Una ciudad intolerante.
Un lugar en guerra, hambre y pobreza.
¿Qué será de ese lugar cuando el último hombre de Dios se extinga?
¿Morirá, Señor, toda esperanza de salvación?

 La incredulidad es como el desierto que acosa permanente las cercanías de nuestras tierras, el agua escasea, el verde que brillaba bajo el sol luce mustio y sin energía. A veces el desierto avanza con rapidez, otras las siembras prevalecen y lo detienen. Los hombres ponen todo su empeño para conservar el verdor de las fronteras y habitualmente lo consiguen. Pero la decadencia, la impunidad, el fanatismo acechan la ciudad.
La ciudad que morirá (no lo permitas).
Ruego para que el Espíritu avive lo que queda de ella, rezo por los niños inocentes, las mujeres maltratadas, tal vez como a la antigua Nínive, Dios envíe otro Jonás.


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Y el Señor (Dios) le dijo:
«Tú sientes lástima por la enredadera, 
por la cual no trabajaste, 
y a la cual no hiciste crecer; 
durante una noche creció, 
y a la noche siguiente dejó de existir. 
¿Y yo no habría de tener piedad de Nínive, 
esa gran ciudad 
con más de ciento veinte mil habitantes que no saben distinguir cuál es su mano derecha 
y cuál su mano izquierda, 
y donde hay muchos animales?»


Jonás 4:10-11
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jueves, 13 de noviembre de 2014

Nadie nos enseña a perder.

Aquella tarde del verano más tórrido que hayamos vivido, me paré a aspirar una pequeña brisa que venía del oeste, suave y perfumada.
Junto con la brisa, casi tangible, vino el recuerdo de mi amiga S. que se fue para el Norte. 
Las piernas y el pensamiento casi me derriban. “No volveré a verla y debo vivir con eso”.

Hace poco leí esta frase de Dietrich Bonhoeffer , “En primer lugar: no hay nada que pueda sustituir la ausencia de una persona querida, ni siquiera hemos de intentarlo; hemos de soportar sencillamente la separación y resistir.”

Exactamente fue eso.
Un pinchazo penetrante y doloroso. Una herida inesperada y alevosa.

Nadie nos enseña a perder. No sabemos enfrentar la ausencia, los avatares económicos, los duelos.
 Tal vez por eso se nos prohibe llorar en público -o no es "bien visto"-, a menos que una sea muy discreta.

Pienso en la madre de aquel muchacho muerto. 
Me invade el mismo pensamiento e idéntico dolor de aquella tarde de verano. Desfallecimiento, un cansancio extraño y permanente.
No lo veremos otra vez. Ella no volverá a verlo y deberá aprender a vivir esas tardes de ausencia.
Perder es el negro luto que no destiñe con el tiempo. 
No oirá otra vez la voz llamándola ni el beso en cada despedida cuando salía al trabajo.
Ni los miles de momentos inigualables que comparten madre e hijo.

¿Cómo, mi Dios, aprendemos a vivir con las pérdidas, los fracasos, los duelos?
Me inclino y ruego por ella.
Solo la gracia y el poder de Dios pueden sostener un corazón desgarrado por la ausencia de una persona amada.
Y por el mío que jamás se resigna.
Cada tarde es como la primera. Todas las alegrías son traslapadas por los que no están.

No hay tiempo ni paliativo, solo resistir.


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Todo tiene un tiempo...

Tiempo de buscar
Tiempo de perder

Eclesiastés 3:6

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lunes, 10 de noviembre de 2014

Los buenos modales


¿Están arcaicos o pasados de moda la cortesía y los buenos modales?
 Habitualmente escribo correos corporativos, avisos de eventos o invitaciones a reuniones importantes.
Solo un 10 o 15 % los responde.
Quedo con una gran interrogante: ¿llegaron a su destino aquellos mensajes? ¿Los destinatarios los leyeron? ¿Alguno asistirá? ¿Sobre qué cifra de concurrentes planificamos?...
Y así, una interrogante lleva a otra.
Más aún puede llegar a complicarse si el asunto en cuestión es con desayuno, un “coffee break” a media mañana o unos bocadillos en la despedida.

¡Ah!, el protocolo. Tan bien catalogado y tan mal en la práctica.
Una ostensible pérdida de recursos por un correo que no llegó o no se respondió, un mensaje ignorado por pereza o sencillamente mala educación cibernética.
Porque si ampliamos el espectro a los buenos modales en el comedor, en la locomoción colectiva o la puntualidad a una cita, tendríamos más historias y anécdotas que “Pedro Urdemales” perdido en el Paseo Ahumada.

 Para mejorar un poco nuestras deterioradas buenas costumbres he estado tomando uno que otro cursillo de etiqueta por internet, leyendo de aquí y de allá la buena educación que nos ayuda a convivir y a respetar el tiempo y los recursos ajenos.
Les comparto (por si se interesan, digo):

 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/11/141031_

http://www.aulafacil.com/cursos/t616/autoayuda/autoayuda/protocolo 

http://www.protocolo.org/


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"Vuestra gentileza sea conocida por todos los hombres"

Filipenses 4:5

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martes, 4 de noviembre de 2014

Vida sana.


El tema se ha vuelto obsesivo.
Al borde de transformarse en filosofía, ideología o dogma. 
Y yo, indecisa.
¿Vegetariana, vegana, macrobiótica, naturista, crudivegetariana, omnívora, chatarrera o carnívora?

El doc dice que para vivir más sana debo abandonar las grasas, las frituras, no mucha carne, el café  y adoptar las verduras verdes, unas frutas por la mañana y bastante agua.
Ahí le vamos con el experimento, aunque mis compañeros de clases dicen que “hay que comer de todo con acción de gracias”, como lo recomienda el apóstol Pablo que no creo –ni de lejos- que tuviera en mente un grosso costillar de cerdo asado con papas fritas o un lomo a lo pobre como se estila para cualquier celebración.

Es que esto del beber y del comer se ha transformado en un tema recurrente.
Algunas amigas dan sus recetas favoritas, su forma de cocinar, un estilo de vida ecléctico y sibarita, tal vez para resarcirse de carencias pasadas o por la bonanza económica.

No sería drama si fuera personal, pero es casi un fanatismo, “tienes que hacerlo así”, “no comas esto, lo otro es mejor”, “mira, yo te voy a prestar un libro…” y otras más desinhibidas  “¿qué te va a hacer un trocito de torta?, ¡come, nomás!”

El “Dios te bendiga o muchas bendiciones” se ha transformado en “cuídate” a la hora de la despedida, como una oración o una cábala infalible.
 Abogo por la vida sana, lo más frugal posible, claro está. De ahí a andar contando calorías, proteínas o carbohidratos hay un abismo de distancia. ¿A qué recurrirían si estuviera enferma? Como lo dije alguna vez, nunca faltará el aspirante a doctor en práctica”.
Buenas sus intenciones –qué duda cabe-, en honor a la verdad, al galeno titular hay que obedecer ¿o no?


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El que come de todo, come para el Señor, 
y lo demuestra dándole gracias a Dios; 
y el que no come, para el Señor se abstiene, 
y también da gracias a Dios. 
 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, 
ni tampoco muere para sí. 
Si vivimos, para el Señor vivimos; 
y si morimos, para el Señor morimos. 
Así pues, sea que vivamos o que muramos, 
del Señor somos. 


Romanos 14:6-8
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(La ilustración es de Sarah Wilkins, con mi admiración por su trabajo)



viernes, 31 de octubre de 2014

¿Por qué soy pentecostal?

Decir “soy pentecostal” es semejante a decir “soy marciano, diaguita o kawésqar ” aunque nada de eso es parecido, ni de cerca.
Un estereotipo.
Un mote.
Una etiqueta que la sociedad adhiere sobre aquellos que no entiende.

Ciertos amigos me han preguntado por las costumbres que identifican a los evangélicos pentecostales (algunos les llaman "canutos") y cuál es la diferencia con los bautistas o presbiterianos. 
Sencillamente soy pentecostal porque creo en el Espíritu Santo como Dios ¿es tan raro tener una fe más allá de las runas, el horóscopo o el tarot?

Creo que el Espíritu Santo imparte dones a los seres humanos, sí, creo en la continuación de los dones hasta hoy, dones de sanidad, acciones extraordinarias y profecías que se cumplen.
Creo que el poder del Espíritu levantó a Jesucristo de los muertos y SÍ, creo que Cristo está vivo.
Creo que Dios sana por diversos medios, incluyendo los médicos, la imposición de las manos y la oración de fe.

Creo que a veces pueden suceder experiencias místicas y trascendentes, aunque algunas estén al borde del animismo, eso no les quita valor a las verdaderas..
Creo que hay un mundo espiritual que habitualmente no percibimos.
Creo que el Espíritu nos ayuda a rogar, aunque a veces no comprendemos algunas situaciones; su poder nos fortalece para vivir la vida devota hasta el final.

Soy una pentecostal respetuosa de otras posturas, a cada persona le amanece a diferente hora, la revelación de Dios es amplia, más allá de nuestros pequeños parámetros con los que aprendemos a defendernos.
Si alguna cosa he aprendido es esta: mi hermano no es mi enemigo, aunque no piense ni sienta igual a mí. Creo que el Cuerpo de Cristo es más amplio, trascendente y eterno que nuestra modesta Comunidad, defensora de la "sana doctrina" (otro día podemos hablar de eso) y las buenas costumbres.
¡Ah!, también creo en la evangelización mundial, el perdón de las ofensas, la ayuda a los necesitados y la solución de los problemas por medio del diálogo.

Y sí, me gusta la música con guitarra, banyo, acordeón y cualquier instrumento que no suene como tarro.



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No permitan que se hable mal del bien que ustedes hacen, 
porque el reino de Dios no es cuestión de comida ni de bebida, 
sino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.


Romanos 14:16-17
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martes, 28 de octubre de 2014

La tragedia.

“La muerte hace preciosos y patéticos a los hombres” 
(Jorge Luis Borges) 

Un muchacho acaba de morir.
La puñalada certera, el cuerpo rasgado, agonía breve.
En el corazón de la vida, se desplomó en la vereda como una marioneta que alguien dejó de usar.
Un vecino -un samaritano que pasaba-, lo subió a su auto, veloz al hospital.
Intento vano.

Hoy fuimos a su funeral, la madre, destrozada.
Los hermanos –todos mayores que él- sin consuelo.
La mano que empuñó la daga entre rejas, perdido de su hogar, los niños llaman un padre que no regresa, la esposa alelada.

Sin esperarla, la tragedia se instaló en el barrio como una visitante incómoda, temible y ofensiva.
Nadie se siente seguro.
La muerte ha lanzado su aliento perturbador, desvalidos y precarios,  apenas nos atrevemos a salir de nuestras casas.


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Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; 
El nos guiará aun más allá de la muerte. 

Salmos 48:14 

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lunes, 27 de octubre de 2014

Opinión para todo.

El eslogan de una radioemisora: “el que no está informado no puede tener opinión”.
Y sin duda, el derecho a opinar o, como decimos en Chile,  “derecho al pataleo”,  nos ha transformado en periodistas, abogados, doctores y políticos, todo en uno.

Leía la columna de un querido hermano que escribía sobre el peregrino tema de los Jueces de Israel en aquel mítico tiempo de los ídem. Y vaya que les sacaba el cuero a esos pobres “pecadores” (con citas al hebreo y todo eso) que cometieron toda clase de excesos en un tiempo confuso, incierto y descocado de la historia, aunque podría decirse que todas las épocas tienen algo de eso, unas más, otras menos, cómo no.

Nos hemos habituado a sostener opiniones para toda clase de temas, aunque no dominemos ni seamos especialistas en ninguno. Se puede hablar con todo desparpajo de la Biblia (lo he oído con las propias orejas que Dios me dio) sin haberla abierto en la vida. Opinar de tal o cuál iglesia sin haber pisado sus puertas.
Podemos hablar de política sin habernos dado el trabajo de ir a las urnas y marcar una raya en el día de las  elecciones.

Me cansa tanta liviandad para hablar de “todo”, como si nuestra experiencia mínima nos diera el derecho de enjuiciar la vida de personas con quienes ni siquiera hemos intercambiado un saludo en la calle.
 Me cansa tanta falacia que se convierte en certeza de tanto repetirse.
Chisme, rumor, cuchicheo, no hay espacio para la interrogante ¿será así? ¿Los hechos son verdaderos o solo es el sesgo que quiso darle el columnista?
Toda línea editorial mantiene un criterio cuando pone las lucas.
Últimamente hay poca cortesía, ética o moral que se precie.
Tal vez históricamente fue así. Solo que ahora –para nuestra desazón- estamos instantáneamente informados. Eso no significa que esa información nos hace mejores, sabios o equitativos. Solo tenemos herramientas más sofisticadas para ser crueles.

No quiero saberlo todo.
Quiero saber poco profundamente.
Quiero poner en práctica lo poco de mi saber.
Quiero tratar a mi prójimo como a mí misma, sin condena, juicio o melodrama.
¿Será muy difícil?


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“…porque nada de lo que el mundo ofrece viene del Padre, 
sino del mundo mismo. 
Y esto es lo que el mundo ofrece: 
los malos deseos de la naturaleza humana, 
el deseo de poseer lo que agrada a los ojos 
 y el orgullo de las riquezas. 
 Pero las cosas de este mundo van desapareciendo, 
con todos sus malos deseos; 
en cambio, el que hace la voluntad de Dios vive para siempre.” 

1 Juan 2:16-17 (DHH)

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(Fotografía de fractales)

viernes, 24 de octubre de 2014

Lo privado - lo público.

 Fotografía del atardecer, 
Santiago desde las alturas.

Salgo del súper.
Recuerdo aquel día cuando se quedaron las luces del auto encendidas y se descargó entera la batería.
Decido no encenderlas esta vez.
Pero allí está el guardia.
 Las enciendo.
¿Lo hubiera hecho sin la presencia del guardia?
No, claro.

¿Por qué la presencia de otros nos hace actuar de un modo distinto a lo que somos o deseamos? 
¿Cuáles son los códigos que nos gobiernan tan férreamente que podemos olvidar –en algunas situaciones- hasta la presencia de Dios?
Mucho se argumenta sobre “lo público” o “lo privado” como las caras opuestas de una moneda.
Somos así en secreto.
Somos asá en la vida social.
Caminos paralelos, veredas opuestas, jamás se tocan.

Cuando Jesús habla sobre el tema nos pone en el tapete un principio, “no hay nada encubierto que no llegue a revelarse, ni nada escondido que no llegue a conocerse.” (Mateo 10:26)

Por estos días cierto ex candidato a la presidencia ha sido puesto en jaque por dineros de “donaciones reservadas” dirigidas hacia su campaña de un grupo económico.
Acusaciones van, acusaciones vienen, explicaciones, réplicas, renuncias, otros políticos involucrados, una serial que promete buen rating.



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Por lo tanto, 
ya que Dios, en su misericordia, nos ha dado este nuevo camino,
nunca nos damos por vencidos. 
Rechazamos todas las acciones vergonzosas y los métodos turbios. 
No tratamos de engañar a nadie ni de distorsionar la palabra de Dios. 
Decimos la verdad delante de Dios...

 2 Corintios 4:2

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martes, 21 de octubre de 2014

Tierra fértil.

El helado invierno invita a las sopas.
De apio, de verduras o zapallo. Este último era tan delicioso que guardé unas pepas que se olvidaron entre tanta planta del jardín.
Con la tibieza de la primavera ha brotado una maravillosa planta de zapallo, hojas fuertes con pronóstico de larga y productiva vida.
La buena tierra y una poderosa semilla se complementan.

Recordé aquella parábola:
 Ahora escuchen lo que significa la historia del sembrador:… ¿Y qué significa la semilla que cae en tierra buena? Esa semilla son los que aceptan el mensaje, lo entienden y producen una buena cosecha. Darán mucho más de lo sembrado, hasta cien, sesenta y treinta veces más (Mateo 13:23)

A veces una se desalienta frente a la maldad humana (la propia y la ajena), la violencia cotidiana y tanta mala noticia. 
Observo cómo la planta crece maciza y sana. Eso renueva mi esperanza, llega un tiempo donde la semilla es imparable, siempre habrá un trozo de tierra fértil.
¡Dios, yo quiero ser esa tierra!

jueves, 16 de octubre de 2014

Días de gloria.

Hay días grises.
Gélidos.
Detenidos en el tiempo.
Días donde la estufa apenas entibia la gran casa. 
Hay días sin olor. 
La gama de olores escondida entre las secas ramas o en el pasto dormido. 
Hay días oscuros, el dolor no cede, la muerte sobrevuela como ave hambrienta. 

Esos días son días de gloria, tal vez más gloriosos que los de la resplandeciente primavera con todo su colorido ropaje.

Es en esos días que se deja entrever la magnificencia de Dios interviniendo en la oscuridad más insondable; es ahí cuando  la esperanza brota delicada y fuerte con toda su intensidad hasta transformarse en una certeza profunda, Dios está aquí, afuera, alrededor, cerca, dentro de mí. 




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Entonces tu luz brillará como el amanecer, 
y tus heridas sanarán pronto. 
Irá delante de ti quien te declara sin culpa 
y la gloria del SEÑOR te seguirá.
Así tú llamarás y el SEÑOR responderá. 
Gritarás pidiendo ayuda y él te dirá: “Aquí estoy”. 


Isaías 58:8-9

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martes, 14 de octubre de 2014

Vino, gaseosas,té.

Los evangélicos en Chile hemos cambiado sustancialmente en estos últimos años. 
Tal vez se deba a la bonanza económica, el laicismo tan de moda o los últimos tiempos de los que habla la Palabra. 
Nos sentamos a la mesa, una muestra abundante de carnes a la parrilla, ensaladas surtidas, salsas, pan amasado, bebidas de fantasía…y vino. 
Vino chileno de buenas cepas, según la anfitriona. 
La persona sentada frente a mí se extraña que no beba gaseosas ni vino. No entiendo por qué, él también es cristiano evangélico. 

-Eso de ser abstemio pasó de moda -dice, insistiendo-, además la carne amerita un buen vino. 
-No tengo costumbre, le respondo lacónicamente (para qué le voy a explicar el asunto teológico, no es el momento adecuado).

No me incomoda que otros beban lo que estimen correcto. Cada persona (se supone) conoce su organismo, es responsable de su ingesta y sabrá cómo llegar a su hogar sin conducir en estado de ebriedad. 

¿Es sano para el cuerpo beber alcohol? 
¿Es edificante para el espíritu? 
¿Ayuda a una buena devoción cristiana? 

 Por un lado el rey Salomón defiende el consumo “Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios” (Eclesiastés 9:7) y por otro el apóstol Pablo aconseja: “No se embriaguen con vino, lo cual lleva al desenfreno; más bien, llénense del Espíritu.” (Efesios 5:18) 

Chile es un país cada vez más alcoholizado, con todos los problemas primarios y secundarios que genera, desde violencia al interior de la familia hasta accidentes de tránsito con resultado de muerte, pasando por una amplia gama de complicaciones menores que siempre dejan una secuela de dolor. 

Este lunes se ha discutido una medida comunal de restricciones horarias para ventas en bares y botillerías. Sin duda un cambio polémico que dejará contentos a los vecinos y descontentos a usuarios y comerciantes.

En cuanto a mi, déjenme disfrutar mi té chai, frío o caliente, insuperable.








miércoles, 8 de octubre de 2014

Acertijo


"Cuando estaba enferma podía comer de todo,
ahora que estoy sana
 tengo que someterme a cien restricciones." 
 (Mi amiga V.)


Mi amiga V., fue operada recientemente.
Extirparon su vesícula.
Ha debido guardar reposo, ingerir bastante agua, todo alimento sin grasa, una lista imposible de restricciones -supongo que- temporales.
El médico le ha explicado su nueva condición, vivir sin un órgano no es menor, hay que ser disciplinada, le detalla con santa paciencia.
Ella se queja (¿quién no lo haría en su condición?), no solamente de las molestias habituales sino de las privaciones a las que deberá someterse durante un período más o menos largo.

¿Cómo evitar el cirujano?
Difícil con la vida sibarita a la que somos tentados.



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Querido hermano (a), 
oro para que te vaya bien en todos tus asuntos 
y goces de buena salud, 
así como prosperas espiritualmente. 

3 Juan 1:2

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lunes, 6 de octubre de 2014

Dame paciencia.

Está comprobado empíricamente que cada chileno o chilena lleva en su adn un médico y un abogado, aparte de los dones que Dios provee para defendernos de la cruda realidad y sobrevivir con cierta dignidad a los avatares que nos lanza nuestra propia desidia (o la ajena, en algunos casos).

Es que sin decir “agua va” , nos endilgan las recetas más insólitas si manifestamos el más mínimo dolor de cabeza.
-Ah, eso es migraña.
-O tienes presbicia (hasta usan palabras técnicas).
-Tal vez deberías usar el pelo más corto.
-Es el smog de esta ciudad, eso es, sin duda.
 -Tienes que tomar……
-No, no, no, lo que tienes que tomar es esto…
-Y comer sano, porque el que come sano vive sano.
Basta colocarse en la fila del Banco, en la espera de un servicio público o que te atiendan por la cuenta del teléfono, nunca faltará el aspirante a doctor en práctica con sus peregrinos consejos.

Si tienes un problema jurídico ¡ay, Dios te pille confesado!, no habrá escapatoria del leguleyo que llevan dentro, con ejemplos, historias sentencias y moralejas.
-Todo por escrito, la palabra ya no vale, asegúrese, lo que cuenta es el papel.
-No sea lesa, la ley la protege en sus derechos.
-Mire, uno pierde plata por no hacer los  trámites.
-A un tío mío le sucedió que perdió todo por pura "dejación" …

He sido receptora de toda clase de indicaciones, peroratas, consejos, amonestaciones, indirectas, correcciones, etc.
¿Tendré cara de una gran oreja oidora?
¿Creerán que soy demasiado ingenua, ignorante o definitivamente tan crédula que deben salvarme de mi misma?


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Mas tenga la paciencia su obra completa

Santiago 1:4

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jueves, 2 de octubre de 2014

Limpiador de chicles.

Alguien podría pensar que es una broma
Limpia-chicles, una nueva profesión urbana.
En el almuerzo familiar una amiga pone la noticia en la mesa: “La reina Isabel II de Inglaterra, busca un "limpiador de chicles" que retire las gomas de mascar dejadas en los palacios reales por decenas de invitados oficiales…”, :
http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/se-solicita-limpia-chicles-real-1412191589

-Yo estaría dispuesto a tomarlo, dice uno de los invitados.
Otro acota -el invierno inglés no le sienta bien, milord-, y todos reímos.
Otra amiga pregunta ¿qué culpa tienen los chicles?

En fin, entre bromas recordamos cuando en nuestra Comunidad tuvimos que dedicar una tarde de voluntariado para limpiar todas las sillas que tenían la famosa gomita de mascar debajo.
Y qué decir cuando vas por la calle y quedas literalmente pegado al piso.

No será un tema científico, teológico o política de estado pero ¡vaya! es una molestia pararse o sentarse sobre un chicle, peor aún, que te deje para la basura tu prenda favorita.




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Porque lo importante es glorificar a Dios en todo, 
ya sea al comer, 
al beber 
o al hacer cualquier otra cosa. 
No hagan nada que ofenda a los demás.


1 Corintios 10:31 -32

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viernes, 26 de septiembre de 2014

Proceso y fallo.

No sabía si reír o llorar. 
Sentados en el pequeño café, uno frente al otro, parecían una pareja de enamorados bebiendo cappuccino con donuts. 
Escuetamente él le pedía que se divorciaran lo más pronto posible. 
¿Divorcio? ¿Tan lejos habían llegado? 
- Y compartiremos los gastos del abogado –decía él- espero no te opongas. 

No terminaba de comprenderlo. 
¿Pagar por el dolor? 
¿Pagar para que se quedara con sus hijos, los nacidos de su vientre? 
¿Pagar para recibir a cambio la soledad frustrante y total? 

- No pagaré nada. Tú deseas separarte, me niego a poner un solo peso. 
- Bien, entonces no tendrás nada. 
- Eso está por verse. 

El dicho lo afirma: “a todo se acostumbra el ser humano”. 
Al principio cambiar fue difícil, con los días se dio cuenta de la paz, el silencio, comer a deshoras, la música que le gustaba, bailar sola, mirar la tv hasta quedarse dormida, vagar por la playa, leer tendida bajo la sombrilla, sin horario. 
Y le gustó. 
No escuchaba voz crítica detrás de cada acto. ¿Por qué no lo haces así? ¡¿Por qué lo hiciste así?!, ¿eres torpe o te haces la tonta? 
No volvería a escucharlo, aunque todavía su voz resuena en su interior. 

Como un cartel fosforescente a la entrada del centro nocturno, fue la atracción. Pareciera que el cartel “divorciada” se ve a kms., se instala en la mente colectiva de tal manera que cualquiera se siente con ciertos derechos. 
Resistió. 
Poco a poco se fue borrando la señal. 
Lo menos que quería era una aventura sin sentido. 

-Es otra vida, me dice. 
No sé si es mejor, pero estoy entera después de todo. 

Como los convalecientes se pasean inestables por el parque del Hospital, ella camina por la ciudad, ve sus hijos los fines de semana, trabaja, va al templo, asiste a un grupo de terapia, escribe notas en un cuaderno para ir definiendo qué errores la llevaron a perder el hogar y vive tranquila cerca de la playa. 

- ¿Por qué no escribes un blog?, le digo. 
- Lo pensaré. 



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Sin embargo, 
si el cónyuge no creyente decide separarse, 
no se lo impidan. 
En tales circunstancias, 
el cónyuge creyente queda sin obligación; 
Dios nos ha llamado a vivir en paz. 

1 Corintios 7:15 (NVI)


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lunes, 22 de septiembre de 2014

Sanidad.


Hace algún tiempo escribí acerca de Elena., enferma por un periodo no menor a los seis meses. 
Hoy está perfectamente bien, con ciertas restricciones alimentarias que han mejorado su calidad de vida. 
Aquella vez cuestionó todo, su fe, su fidelidad, el amor de Dios. 
Cada enfermedad tiene sus altos y bajos y un tiempo para definirse.
Algunas son largas y dolorosas, otras tolerables. 
Las definitivas desembocan en un funeral. 

Estos días de Fiestas Patrias hemos compartido haciendo unas ricas empanadas de horno, un terremoto sin alcohol (delicioso) y un entrañable "pebre cuchareado".

Mientras la veo reír, conversar y comer como si nunca hubiese estado enferma, recuerdo al Señor en el evangelio de Juan: 
“Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? —le preguntaron sus discípulos—. ¿Fue por sus propios pecados o por los de sus padres? 
—No fue por sus pecados ni tampoco por los de sus padres —contestó Jesús—, nació ciego para que todos vieran el poder de Dios en él.” (Cáp. 9)
 
Aún hasta nuestros días hacemos las mismas preguntas cuando alguien enferma. 
Algunos sostienen: 
- No se ha cuidado (como aquella que me confesaba: "tú sabes que soy fina, solo bebo vino").
- No hace deporte. 
- Demasiado carnívoro,  por eso tiene gota. 
- Tiene estrés por enojón y trabajólico. 
- Los genes “le pasaron la cuenta”. 
- Muy desmedido, a puro completo no se puede vivir. 
- Las consecuencias, pues, las consecuencias y sentenciosamente “se cosecha lo que se siembra”. 
- O lo que sostengo, hay que tener una dieta saludable (sin duda no te exime de cualquier malestar, pero lo minimiza). 

La sanidad dentro de la comunidad evangélica siempre ha sido un tema relevante. Nuestros padres se apegaban a la "oración y el ayuno" como  la receta simple y efectiva para todo tipo de dolencias. 
Con el advenimiento de la ciencia, la modernidad y los medicamentos de última generación, la antigua receta ha derivado a un segundo lugar o derechamente al baúl de los recuerdos.
Si se pregunta ¿sana Dios hoy? todos los creyentes concordaremos que sí, que obvio, está dentro de nuestra doctrina. Sin embargo acudimos al médico y nos empastillamos hasta el borde de la drogadicción, sin colocar en práctica la fe que decimos sostener.

Pocas veces pensamos que la gloria de Dios puede manifestarse a través de las pequeñas o grandes situaciones cotidianas, los grandes o mínimos dolores. Se nos ha atrofiado la percepción del visible amor, poder y esplendor de nuestro Creador. 

Tal vez porque estamos muy ensimismados para verlo.