lunes, 27 de enero de 2014

Loca pasión.


Este mismo sol rodeó al apóstol
El mismo sol iluminó su ruta
El mismo sol me abraza
La pasión que me carcome
“el celo por tu casa me consume”
El ímpetu en acecho
La cabellera desgarrada sobre el polvo
La mano alzada en devoción
¿Cómo puedes ignorar mi amor?
¿Necesitas ver mis manos destrozadas?
¿Quieres mirar mi corazón herido?
¿No es  la palabra como fuego?
¿Vas a regresar en  el último suspiro?

Aún así, te espero bajo el sol que se extingue.





miércoles, 22 de enero de 2014

Otras humillaciones.

Estoy en la fila del banco. 
Un hombre anciano se acerca a la caja. 
Espera algo. 
Es pequeño, usa camisa abotonada a pesar del calor, el pelo con gomina, formal y sobrio. De pronto alza la voz venciendo la timidez, resuena el espacio aséptico y silencioso: “he hecho fila por años, a mi edad ya es difícil esperar media hora, señor…“ (se dirige al cajero) 
El hombre de la caja lo mira con cierta indiferencia, “tiene que esperar”, le dice ásperamente. 
El anciano vuelve a protestar, alguien de la fila le cede el lugar, todos nos sentimos incómodos, la humillación ajena es casi tan dolorosa como la propia. 
Alguien de la fila también levanta su voz, apoyando. 
Antes que se arme un enredo y aparezca el jefe, el cajero llama al anciano, cuenta uno a uno los billetes, lentamente, como si atendiera a un niño. A estas alturas, con el dinero en sus manos, el anciano recupera la ecuanimidad, se retira dando gracias tímidamente. 


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El humilde se alegrará de nuevo en el SEÑOR 
y los necesitados encontrarán felicidad en el Santo. 
El dictador dejará de existir, 
el arrogante no permanecerá… 

Isaías 29:19 
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lunes, 13 de enero de 2014

Regalos navideños.

¿Por qué regalamos en Navidad? 

Este año recibí sábanas, cremas, collares, más cremas, un llavero de Isla de Pascua.

Es raro lo que me ha sucedido, mientras extiendo las sábanas (bien lindas), recuerdo la persona que me las mandó. No somos particularmente amigas, no me gusta recordarla pero me veo forzada a hacerlo. Como si su presencia se instalara en mi dormitorio.
Si quería que disfrutara ¿por qué no me las envió anónimamente?

¿Qué perseguimos cuando regalamos?
¿Qué nos recuerden?
¿Qué derecho tenemos de instalarnos en la mente de otro imponiendo nuestra presencia?
Un regalo puede ser una atadura. Mamá siempre me decía "nunca aceptes regalos caros", era bien desconfiada. Pero algo de razón tenía. 
Hay  cosas que jamás terminan de pagarse, uno parece que haga lo que haga, sigue en deuda.
 ¿Sería yo capaz de regalar sin recibir un "gracias" a cambio, solo disfrutar de la alegría del otro? 

Tal vez eso fue lo que quiso decir  " También dijo Jesús al que lo había invitado:
 —Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos, a su vez, te inviten y así seas recompensado. 
Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos."  
(Evangelio de Lucas 14:12)


¡Qué lejos estamos de las realidades espirituales!
Señor, denos su gracia.






jueves, 9 de enero de 2014

Vértigo de Año Nuevo.


Da un poco de vértigo. 
Visito una amiga en el 11 piso de un edificio, miro la ciudad desde la altura, la lejanía, la permanente trayectoria de los seres humanos, el complicado e imparable movimiento de la capital. 

De regreso a casa observo un calendario que he colocado frente al PC y tengo la misma sensación, vértigo. 
365 días (menos 9), todos nuevos, llenos de eso que vi desde las alturas,  esperanzas, carreras, expectativas, tránsito continuo, luchas, cambio...


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“…una cosa sí hago: 
me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, 
y me extiendo hacia lo que está adelante;
 ¡prosigo a la meta, 
al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús! 


Filipenses 3:13
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miércoles, 1 de enero de 2014

Pequeños momentos.



Cada año los blogs, las revistas, la tv, la radio a la que soy adicta, incluso nuestra comunidad,  proponen cambios de agenda, en un ritual de Año Nuevo.

Balances exitosos otros no tanto, resoluciones para mejorar, una mirada esperanzadora "ahora sí que sí". 

 La realidad llega el día dos –o sea, mañana-, cuando de nuevo nos atrapa la rutina de una mala dieta, las carreras para no llegar tarde al trabajo, el Metro atiborrado, las bocinas matutinas a mil decibeles, las urgencias de todo tipo.

Pocos cambian dramáticamente en un día. 
Tal vez hoy es el puntapié inicial para aquel sueño inconcluso, el estilo de vida más espiritual, la prédica más fogosa, la oración persistente, la búsqueda de Su Presencia en la cotidianeidad. 

Estoy clara que sin un compromiso formal, determinado y sostenido, llegaré a fin del 2014 con una decepción más. 

Hace unos meses estuve contando los pétalos de una rosa. 
Mientras llegaba a su corazón pensé "esto es mi vida", pequeños momentos de trabajo, día a día dejando que la mano del Creador vaya formando la obra final, un proceso personal largo,lento y  a veces doloroso.

Pequeños momentos, decisiones que tal vez no cambien el curso de los sucesos mundiales, pequeños momentos de gracia.

Renuevo -como cada mañana- el deseo de ser fiel, de servir, en suma, de agradarle. Espero lograrlo este año. 


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 La perseverancia debe llevar a feliz término la obra, 
para que sean perfectos e íntegros, 
sin que les falte nada. 


Santiago 1:4

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