jueves, 20 de febrero de 2014

Té chai, tarde de verano.


Mi amiga de milicia , por la que rogamos diariamente, ha venido a casa como una brisa asiática refrescante para un día de sol de este pleno verano. 
No podía ser una ocasión más propicia. 
De pronto la casa se llena de risas, otros han venido del Sur, toda una conjunción para un momento breve, intenso y placentero. 
J. me sugiere que hagamos té chai. 
Yo, neófita de esas exquisiteces me dispongo a aprender, total, me digo, si no me gusta podemos recurrir al típico mate con menta-poleo-cedrón-cáscara de limón, hecho infinidad de veces. 

A pedido del respetable lector -lectora, quiero compartir la receta de este descubrimiento. 
Naturalmente en la improvisación nos faltaron algunos ingredientes, pero igual disfrutamos una exquisita bebida, mejorarla es cosa de tiempo, ir probando qué le ponemos o sacamos. 
Animaos a degustar. 

Té chai, receta : 

- Té negro (este es el que más me gusta, pero puede ser de otro), dos cucharadas. 
- 1 trozos de canela, es mejor en pedazos, aunque si no hay vale la molida. 
- Jengibre fresco, unas dos tajadas picadas finas. 
- 2 vainas de cardamomo (o poquito molido). 
- 3 Clavos de olor, 
- 1 estrella de anís. 
- 1 litro de agua hirviendo. 

Preparación: 
Colocar sobre el agua las especias (el té no), hervir unos 10 minutos a fuego lento. 
Apagar el calor. 
Agregar el té y reposar por 5 minutos. 
Se puede beber con leche o solo, frío o caliente, con azúcar o algún endulzante de su preferencia. 
Sencillo y delicioso. 

Les comparto algunos links con recetas variadas y algo de referencia. 


http://www.directoalpaladar.com/otras-bebidas/receta-de-te-chai 
http://www.enbuenasmanos.com/articulos/muestra.asp?art=1894 
http://www.sabrosia.com/2012/06/haz-tu-propio-te-chai/ 
http://es.wikipedia.org/wiki/Masala_chai 
http://www.guioteca.com/cultura-india/aprenda-la-receta-del-delicioso-te-chai-indio/ 


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En fin, 
únanse todos en un mismo sentir; 
sean compasivos, 
misericordiosos 
y amigables; 
ámense fraternalmente.

1 Pedro 3:8

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lunes, 17 de febrero de 2014

Pequeños timos.


Sonido del timbre en mi puerta.
Un muchacho con cara de “urgido”.
-Soy de aquí de la vuelta, mi abuela está en la Posta de Urgencias -dice de corrido-, necesito unos tres mil pesos para irla a buscar en taxi.
-¿…?
- ¿Me puede prestar?, yo se los vengo a devolver cuando vuelva con ella. Le juro que se los devolveré.
Por alguna extraña razón, le creo.
Abro el monedero y le extiendo los billetes.
Él feliz, agradecido, contento.
Hasta ahí todo bien.
¿Volverá a devolvérmelos?

Tres horas después de nuevo el timbre.
El mismo muchacho.
¡Qué bueno!, pienso, me viene a devolver el dinero, mi fe en el ser humano no ha sido defraudada. -Disculpe que la moleste pero me ha faltado dinero y tengo que pagar la carrera del taxi. ¿Me puede prestar dos mil más?
¿Dónde está el taxista?, le pregunto con cierta desconfianza.
-En mi casa, aquí a la vuelta, está esperando.
Miro la vereda, diez pasos para llegar a la esquina.
Camino junto a él.
-Ud. no confía en mí, dice con reproche.
-Me han engañado muchas veces, le digo.

Sí, como ustedes se imaginan, en su casa no había taxi ni taxista.
Tal vez ni siquiera abuela.
Obvio que no lo he vuelto a ver.
Mi fe ha sido defraudada una vez más, pero les aseguro, volveré a caer, porque una no quiere rendirse a la evidencia que ciertos seres humanos hacen del timo un estilo de vida.



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Jesús le dijo:
Si puedes creer, al que cree todo le es posible. 

Marcos 9:23

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jueves, 13 de febrero de 2014

Sexo, motivo de vida.

“El mejor gancho comercial 
apela a tu liberalidad 
toca tu instinto animal 
rozando la brutalidad.” 


La crisis de mi amiga M. llegó sin ruido, sin una pizca de condescendencia para su ingenuidad. 
De sopetón supo que su marido tenía “otra”. 
No, digo mal. 
“Otras”. 
En su bucólica existencia, M. nunca sospechó que su amor era insuficiente para refrenar el coctel de hormonas masculinas, ocultas con disimulo en múltiples conquistas. 
Una llamada telefónica, indiscreta y cruel.Supuestamente “para que abras los ojos y veas la realidad”. 
Quizás M. no quería la verdad. 
Quizás quería seguir en su burbuja apacible. 
Rota la inocencia jamás puede componerse. 
No hay remedios que calmen. 
Cruel, difícil trago amargo. Hasta el fondo del vaso. 
Sin anestesia. 

Su marido, tal vez aburrido de engaños y subterfugios, tal vez molesto por la candidez de su mujer, reconoció todo. 
Es solo sexo, le dijo con cierto cinismo. 
Desde novios le había sido infiel. 
Aventuras, conquistas, enamoramientos breves, seducido-seduciendo. 
La historia de M. es común a muchas. 
No por común es menos dolorosa y abyecta.


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 Uno es tentado cuando se deja llevar 
por un mal deseo que lo atrae y lo seduce. 
Luego, el deseo malo da a luz el pecado, 
y el pecado, una vez que ha crecido, 
conduce a la muerte. 

Santiago 1:14-15 


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lunes, 3 de febrero de 2014

Placer, motivo de vida.


Éramos vegetarianos y de pronto nos volvimos carnívoros. 
Hasta los 30 años mi tío era abstemio y se volvió alcohólico. 
En las fiestas patrias se comió carne y empanadas por todo lo que no comemos en el año. 
Regalamos en navidad. 
Abrazamos en año nuevo.
¿Qué nos motiva a mantener el statu quo o cambiar? 
¿Qué nos motiva a adquirir nuevos hábitos? 

Hoy visité un enfermo. 
Dice que tiene 40 enfermedades. 
Ni esas dolencias le hacen cambiar sus hábitos alimenticios. 
Me cuenta que hace unos días comió un estupendo trozo de costillar, acompañado de un buen vino y en la tarde un trago de whisky –por cierto-, ninguno permitido por el galeno de su confianza. 

¡Ah, el placer! 
Sibaritas con diabetes, gota, hipertensión, deambulando de médico en médico, feligrés de cuánta farmacia se instale en el barrio. 
Golosos lamentando que “solo me permiten comer lechuga, como si fuera pájaro, ni un trocito de torta siquiera”. 

El placer, poderoso motivo para vivir.


 




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Su dios son sus propios apetitos 


Filipenses 3:19 
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