jueves, 31 de octubre de 2013

Evangélicos (parte 1)


Tengo aversión a las ceremonias, llámese bodas, funerales, cumpleaños y otras que no deseo nombrar para que no me tilden de anacoreta, misógina o que habito una burbuja (como ya me lo han dicho). 
Sin embargo la vida, la sociedad, los amigos, el amor, le quiebran a una los moldes con los que se ha construido el castillo de prejuicios. 
Cedo. 

La voz en el teléfono invita a una ceremonia evangélica que, a mi parecer, puede resultar pintoresca e impredecible. Nunca sé si se subirá al podio un latoso (perdone, Señor, no es por ofender), o tal vez uno que nos adormezca con su mejor cháchara política –estamos en época de campañas electorales-, o alguien que nos represente dignamente, mejor dicho, que no nos deje en vergüenza pública. 

Porque claro está, los periodistas se solazan con los evangélicos que “meten la pata”, aunque sea una falta menor, un término inexacto, una corbata extravagante o ese típico lenguaje que solo nosotros entendemos. 
Asisto al Congreso de la República, me mueve un poco la curiosidad, conocer un palacio histórico no es menor, además habrá un recordatorio a mi amiga Li, galvano incluido, notas en algún periódico, fotos y –obviamente- la foto oficial. (Lamento que ella no esté presente, hace dos años fue su funeral).

 “¿Quién lo iba a pensar?”, decía mi santa madre cuando sucedía algo sorprendente, ¿quién diría que esta sureña venida a menos, tímida y revoltosa estaría sentada donde alguna vez estuvieron los próceres de la patria? 

¡Vaya! 


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No me avergüenzo del evangelio, 
porque es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree: 
en primer lugar, para los judíos, 
y también para los que no lo son. 

Romanos 1:16
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martes, 29 de octubre de 2013

Pareja.

Camina hacia mí una pareja. 
Un muchacho y una chica. 
A medida que se acercan me sorprende lo diferentes que son. 
Él, desgarbado, barba hirsuta, pelo desgreñado, pantalones anchos, las piernas arqueadas, típico de los jugadores de fútbol, zapatillas sucias. 
Ella, jeans angostos, impecables. Pelo largo recién lavado, maquillada con discreción, una blusa clara no muy ceñida, zapatos de taco medio, toda una lady. 
Cuando pasan a mi lado los escucho reír, transitan en su mundo privado, intocables, tomados de la mano, conversan y ríen, como esos novios que frente al altar hacen votos de “hasta que la muerte nos separe” (no sé cómo las personas se atreven a pronunciar esos enormes compromisos),  sin entender que la vida es cambiante y las promesas solo están avaladas por el carácter que, a menudo, de jóvenes no tenemos. 

Me quedo embelesada mirándoles, imaginando su futuro, la juventud maravillosa, las estaciones perfumadas, las variaciones de mundo, las crisis económicas, las elecciones de gobierno, mudarse de casa, los hijos, el colegio, las reuniones de apoderados, las protestas en las calles, un accidente en automóvil, las fiestas de Navidad, el pavo, brindis con vino, alegría, un viaje de estudios, la despedida… tanta vida - ¡Dios!-, en esos cuatro pies irregulares que se alejan, tantas posibilidades, él con las piernas torcidas, ella con su tacones elegantes… 


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Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven. 
No esperes a que vengan los días malos, 
y a que lleguen los años en que digas: 
«Vivir tanto no es motivo de regocijo.» 


Eclesiastés 12:1
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(Fotografía: calle de Santiago, Chile)



jueves, 24 de octubre de 2013

El abandono.

Se casó C. el domingo pasado. 
Escribía un blog,  en aquel tiempo sorprendente donde todos queríamos componer algo destacado para la posteridad, publicar, cambiar el mundo, predicar el evangelio y desentrañar los misterios del Apocalipsis. 

Unos inventaban poemas. 
Otros cuentos hilarantes. 
Blog de fotos (a veces impresionantes). 
Mini-ficción. 
Historias reales o imaginadas. 
Comentarios de noticias o mensajes en clave. 
Hacker amigo ¿recuerdas cuando rompiste mi clave y te paseaste por mi sitio en la oscura soledad de tu PC? 

La vida –como a C. este domingo- terminó atrapándolos (atrapándonos). 
Nos sedujo con profesiones convenientes (buena paga y mal horario), la mágica televisión de cable, plasmas, celulares, tablets, poco a poco la palabra dejó de maravillarnos y se inició la parálisis del lenguaje, ninguna idea, pocos lectores. 

¿Qué significado tiene hoy escribir un poema? 
¿Cuánta trascendencia concita un cuento? 
¿Cuánta influencia tiene una frase publicada en artísticos marcos dorados? 
¿Es importante seguir publicando una página o un blog? 

Efímeros y frágiles fuimos. 
Somos. 

Ni siquiera hoy que escribo estas líneas puedo asegurar si yo también no tomaré el camino del abandono para siempre. 


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Porque no abandonará el Señor a su pueblo
ni desamparará su heredad.

Salmos 94:14

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¡Gracias a Dios  Él es fiel!

sábado, 19 de octubre de 2013

Viajar en Metro.

Pasa un carro. 
Lleno. 
El próximo. 
Lleno. 
Un tercero. 
Lleno. 
Me resigno, subo al Metro colocando el pie apenas en la puerta y ahí me quedo, no hay posibilidades de pasar más al interior. 
En la próxima estación –me digo- acomodaré mi esqueleto, ilusa, nadie baja, nadie sube. Aprieto la cartera al cuerpo no sea que se quede afuera y se vuelen mis pocos tesoros. A través del vidrio miro el techo de la ciudad antes que el tren ingrese al subterráneo, la gente se mueve por las calles de cualquier manera, en bus, en auto, en bici, a pie y –como nosotros- en esta lata de sardinas con ruedas. 
Llego a mi destino en idéntica posición, los pies encogidos, los dedos apenas respiran. 
Desciendo –me bajan- del carro y camino con la marea, donde ellos van, voy. 
Me convierto en un ente sin nombre, sin rostro, sin…solo con un propósito, llegar a mi destino. 
Como en un sueño - mientras soporto apretujada contra la puerta-, recuerdo mi barrio, las calles rodeadas de árboles donde la gente se saluda, se desean días buenos, caminan lentamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo, tan diferente a esta parte de la ciudad. 
Ya me lo había descrito mi amiga Jennifer, cada día por la mañana viaja desde la periferia a su trabajo, resiste esta molestia, dolor de pies y de espalda incluidos. 
Alguna vez leí que un ejecutivo estresado recomendaba: “Venda su auto" y camine. Pero la ciudad corre toda a una misma hora, se apresura en la madrugada, todos quieren llegar pronto y los tacos vuelcan a la impaciencia y de ahí un paso al estrés y todos sus males. 
¿Bicicleta? 
¿Caminar? 
¿Bici-moto? 
Un desafío para los santiaguinos que cada día soportan, no sé hasta cuándo. Tal vez elijan un trabajo cerca del hogar, tal vez se trasladen a provincias (hay muchos que emigraron al Norte), tal vez se decidan a dejar el auto en casa como un gesto de vida propia, no soy experta en políticas urbanas, sin embargo me parece que algo debe cambiar para hacer más amigables los viajes dentro de la ciudad. 


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Al ver las multitudes, 
Jesús tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas, 
como ovejas que no tienen pastor.  
 Entonces dijo a sus discípulos: 
«Ciertamente, es mucha la mies, pero son pocos los segadores.  
 Por tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies.»

Mateo 9:36 (RVC)

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miércoles, 16 de octubre de 2013

Principios mentales

-Vives en tu cabecita, me dijo, como un reproche. 
Vaya, no se me había ocurrido, pero tiene razón. La mayor parte del tiempo estoy pensando, argumento en mi defensa que he procurado someterme a la disciplina de socializar con mi Comunidad cristiana, en especial con los niños. Tengo un lazo de cariño más confiable que con los adultos. 

En la clase de Teología estudiamos la epístola a los Filipenses, ya estamos en la recta final. Y se me ha cruzado este verso: 

“Por lo demás, hermanos, piensen en 
todo lo que es verdadero, 
en todo lo honesto, 
en todo lo justo, 
 en todo lo puro, 
en todo lo amable, 
en todo lo que es digno de alabanza; 
 si hay en ello alguna virtud, si hay algo que admirar, 
piensen en ello.” 

(Filipenses 4:8) 

Se nos ha propuesto hacer de esta escritura un principio de vida. Nada mal para aquellos que viven en la mente y definitivamente un desafío.



(Cuadro de ofeliafeliz.ar)  


viernes, 11 de octubre de 2013

Jardín de alcachofas

Cruzamos la frontera invisible entre la ciudad y el campo,  nos adentramos a las espaciosas casas del Valle Elqui, Norte de Chile.
Abundancia excepcional, tierra plena de verde -aunque algunos aseguran que el desierto avanza hacia el Sur-, bordeada por pequeñas piedras pulidas con el tráfico de camiones que llevan su carga a los centros urbanos.
De pronto aparece el jardín, o más que eso, un amplio huerto de ensueño, un espacioso terreno abundante de alcachofas,  en el “peak” (*) de su esplendor.
Un regalo excepcional.
Mis amigos invitan a la cosecha y mientras me inclino sobre las matas les pregunto si recolectan todo a mano.
Sí, me responden, una por una, bajo el candente sol o la grata neblina. Una a una, todos los días hasta dejar solo las ramas mustias.
Desde hoy comeré con más respeto los productos de la tierra, en especial aquellos obtenidos de manera artesanal, sacrificio incluido.
Agradecida de aquellas mujeres ignoradas que proveen para mi mesa de ciudad la abundancia de la tierra y -si bien es cierto que Dios la hace germinar-, no es menos cierto que ellas colaboran en mi bendición.


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Así como la lluvia y la nieve
descienden del cielo,
y no vuelven allá sin regar antes la tierra
y hacerla fecundar y germinar
para que dé semilla al que siembra
y pan al que come,
 así es también la palabra que sale de mi boca:
No volverá a mí vacía,
sino que hará lo que yo deseo
y cumplirá con mis propósitos.


Isaías 55:10:11 (NVI)
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martes, 8 de octubre de 2013

Una buena receta.




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"El Señor ha hecho maravillas por nosotros!
    ¡Qué alegría! " 


(Salmos 126:3)

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(Viñeta gracias a Nik, la nacion.com.ar )