jueves, 20 de julio de 2017

¿Sirve de algo orar?

Nos pidieron que oráramos.
Oramos.
Unos con más fervor –sin duda-, otros con menos. Unos con más fe, otros no demasiada. Pero aun así esperábamos una respuesta positiva a nuestras oraciones.
¿Qué estuvo mal?
¿Por qué el resultado no fue exitoso como esperamos?
Oramos para que viva y se muere.
Oramos para que sane y se enferma más.
Oramos para que se legisle en justicia y se aprueba exactamente lo contrario.
¿Son infundadas nuestras peticiones?
¿Debemos dejar que los ríos fluyan con su destino establecido?
¿Sirve de algo orar?
Esta y otras preguntas me mantienen despiertan hasta la madrugada.
Poco a poco voy recordando historias de oraciones fallidas, el rey David rogando por la vida de su hijo, (2 Samuel 12:16-18) el Señor Jesús hablando con Pedro (Lucas 22:31-32).
No siempre la respuesta es un sí rotundo como nuestra futilidad desea.
A veces nos confundimos con tanta historia que leímos en la infancia de las “Mil y una noches” y pretendemos de Dios esa especie de genio de la lámpara que deberá conceder nuestros deseos porque somos castos-honrados y bien pensantes.
¿Por qué no logramos conectar nuestros intereses con los propósitos de Dios?
Tal vez la oración debería ser un hábito como la comida diaria.
Como lavarse el rostro.
O andar en bici.
Un acto natural permanente, un teléfono al Padre para saber hasta cuándo debemos insistir.
A veces tenemos la certeza pero seguimos suplicando majaderamente, sin entender (o entendiendo) que no se hará nuestra voluntad –por perfecta y justa que nos parezca- sino la de Dios.
Tal vez la oración no es para que Dios "haga algo" sino para someter mi rebelde  voluntad a la suya.
Tengo mucho que cultivar todavía (y no son plantitas herbales).



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 ...yo he rogado por ti, 
para que no te falte la fe. 
Y tú, cuando hayas vuelto, 
deberás confirmar a tus hermanos.

Lucas 22:32

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lunes, 17 de julio de 2017

Pasión.

Me asombran algunas canciones evangélicas, en especial las que incluyen frases extraordinarias como esta, u otras semejantes.
No sé si ese fraseo será literal o alegórico.
A veces la liturgia nos lleva a expresiones que no entendemos o no cultivamos en la vida real.
Se transforman en dichos dominicales que tienen cierto signo de espiritualidad, que elevan el alma pero al traspasar la puerta del templo –y volver a la cotidianeidad- olvidamos.
¿A qué nos referimos realmente cuando hablamos de pasión?
Pasión por Dios.
No hay pasión sin sufrimiento.
En sí misma la palabra "patior" (latín) significa sufrir.
La pasión de Cristo es la mayor imagen de lo extrema que puede llegar a ser si se practica en el sentido estricto.

¿Qué estamos diciendo cuando nos declaramos apasionados por Dios?
¿Implica que Él es nuestro único centro-eje-foco-principio y fin de adoración?
¿Que nuestros afectos se someten a su voluntad?
¿Estará Él presente en el día a día de mi realidad?
¿Qué la devoción será más que un hobby de domingo?

Declarar  pasiones -cualquiera que esta sea- me suena un poco jactancioso.
Personalmente me parece una grandilocuencia hacer alarde de una relación con Dios, una presunción de una espiritualidad que no poseo (aspiro sin duda) y que si la tuviera no podría vocearla como un consecuencia de lo virtuosa que he sido o como una conquista personal.
Si de algo estoy segura es de mis debilidades.
Más allá de toda duda, conozco mi tramposo corazón que más de una me ha jugado. 
Sé más de mis carencias que ningún otro tema.
Solo puedo aferrarme cada día a la gracia soberana, a la misericordia abundante, al amor inalterable de Dios. 

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"... el Señor nuestro Dios,
 el Señor es uno. 
Y amarás al Señor tu Dios 
con todo tu corazón, 
y con toda tu alma,
 y con todas tus fuerzas.

Deuteronomio 6:5-6 

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(Fotografía: Flor de la Pasión)

jueves, 13 de julio de 2017

Autonomía (parte 3)

El resfrío me ha dejado muda.
Sin habla.
Silenciosa como una puerta de casa nueva.
Ni un ruido emiten las cuerdas bucales.
Parezco salida de una peli de Chaplin, tanta mímica para darse a entender resulta cansadora. Me armo de paciencia, será temporal, me digo y trato de abrigar la garganta, miel con limón, té tibio con jengibre, nada muy caliente ni muy frío ordena el doc.

La mudez es un estado poco notorio, de las 217.688 personas que contabiliza el último Censo no conozco ninguna.
Estar unos días en silencio hace bien, mucha lectura, varias películas, experimentos culinarios.
Enmudecer para siempre es otro cuento, no lo querría de ninguna forma.
¿Se imaginan vivir sin cantar?


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¡Cuán bueno es alabarte, Señor! 
Bueno es, Altísimo, cantar salmos a tu nombre, 
anunciar tu misericordia por la mañana, 
y tu fidelidad todas las noches, 

 Salmos 92:1-3 

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lunes, 10 de julio de 2017

Autonomía (parte 2)

La autonomía que idealizamos -sobrevalorada en estos tiempos- y por la que luchamos,  a menudo es limitada por imponderables que no podemos manejar.
Dependemos de eventos tan insospechadas como que en China hicieron huelga (¿se podrá hacer huelga en China?) y no llegó el paquete de instrumentos esenciales para el tratamiento de una persona en el hospital.
Dependemos de otros todos los días.
Dependemos del clima.
Mi vecina de enfrente se ha vestido de carmelita, café completo.
Un voto para toda la vida.
Voto de sencillez, oración y servicio a la comunidad, todo un reto para una mujer del siglo XXI, joven aún.
El día que debía asistir a su reunión de consagración diluvió sobre Santiago. Se cortaron algunos puentes, la locomoción apenas se movía en las calles anegadas, la energía eléctrica se fue de varios sectores dejándolos incomunicados, la iglesia canceló la celebración para albergar a damnificados.
Un  desastre de proporciones.
Susana -una chica muy tierna, mi vecina- se quedó encerrada en casa esperando que amainara la tormenta.
En la tarde lluviosa y oscura elevó una oración por los sufrientes del temporal, hombres y mujeres sin hogar,  alojados en colegios (que no estuvieran inundados, por supuesto).


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 Quien cumple lo mandado nada sabe de intrigas;
sólo el sabio conoce el tiempo de la decisión,
 pues cada cosa ha de ser decidida a su tiempo,...

Eclesiastés 8:4-6
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jueves, 6 de julio de 2017

Autonomía (parte 1)

Generaciones pasadas esperaban que los hijos cuidaran a los padres.
 En estos días es un poco diferente, los hijos se van al extranjero, a las regiones, los padres envejecen añorando los almuerzos familiares, esa  vida de hogar  con los niños, sus amigos, tiempo aquel donde la soledad estaba lejos 
-No quiero llegar a vieja y ser una carga para nadie, dice una amiga.
-Yo trabajo y “me saco la mugre” para ahorrar y  tener dinero en mi vejez, acota otra. Así no dependo de nadie.
 
Una gran cantidad de personas –incluso el gobierno lo promueve- desean ser autónomas, auto-valentes e independientes, no solo en el presente sino también en sus últimos días.

Atado –literalmente- a una cama de Hospital, enojado con el sistema, con la familia, incluso conmigo que lo visito de buena voluntad, el padre de mi amiga Ve., no solo está disgustado sino aburrido del tiempo inactivo, de los dolores,  de sus enfermedades,  además de la falta de autonomía.
La libertad de movimiento,  desplazarse donde le diera la gana ha cesado, está en “stand-by”, por decirlo de alguna manera.  Acumula rebeldía, se opone, quiere regresar pronto a casa, los doctores lo medican, las enfermeras lo vigilan día y noche, miran por debajo de las sábanas, se avergüenza de su perdida intimidad.

He regresado a casa pensando en lo frágiles y dependientes que somos, basta una pequeña e invisible bacteria, un inocente (a veces no tanto) resfrío o una comida en un restaurante que nos indigesta, y perdemos toda nuestra fortaleza.
La libertad mitológica de la que nos ufanamos cuando podemos movernos se transforma en un instante en esto, un lecho obligado, definitivamente una pesadilla.
Mientras más luchamos, más presiona su dominio, llámala enfermedad, ley, deuda o gobierno.
 

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Yo, pues, prisionero de  Señor, 
les ruego que ustedes vivan (anden) 
de una manera digna de la vocación con que han sido llamados.   
Que vivan con toda humildad y 
mansedumbre, 
con paciencia, 
soportándose unos a otros en amor,…

Efesios 4:1-2


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lunes, 3 de julio de 2017

Propósitos.

Estudiamos la Carta de Santiago.
La maestra nos ha propuesto que busquemos 10 propósitos para practicar en las próximas semanas.
Yo creo que me demoraré un rato largo en hacerlos, si es que logro llegar. Por empeño no me quedaré, pero si están de acuerdo conmigo, son unas metas bien "heavy", si la gracia de Dios me ayuda,  ahí vamos.
Lo peor, no intentarlos.
Lo mejor, estoy viva y espectante de lo que Dios hará.
Entre lo peor y lo mejor, la disciplina de cada día, cambios imprescindibles, frustraciones, alegrías. 
Imprimo un papelógrafo, lo coloco frente al escritorio, ya es un inicio.



jueves, 29 de junio de 2017

Vivir más simple.

Se le llama “vida más simple”.
Mi madre le denominaba “apretarse el cinturón”. Construyó su primera casa propia a punta de ñeque, con esfuerzo, la vi levantarse de madrugada para ir al trabajo. Ni subsidio de gobierno ni préstamo bancario, solo persistencia.
Los chicos le llaman a la moderación “pobreza” y reclaman aunque dispongan del último modelo de smartphone, bici de titanio y mochila de marca costosa. Desean vivir la vida a mil, fiestas todos los viernes, salidas de Mall, cine, playa cuando hay fines de semana largos, tarjeta de crédito.

Ahorro no es una palabra muy popular.
Mi amiga Isa compró un departamento para rentar con sus reservas de varios años. Comidas modestas, poco o nada de salidas a restaurantes, cine en casa, paseos con invitación, fiestas austeras, nada de etiquetas lujosas, sencillez monacal.
Aún así, nunca dejó de dar sus ofrendas a la Iglesia, su aporte a las misiones y un paquete de mercadería mensual para los pobres. Ella sostiene que Dios bendice al que da.

Nuestra Comunidad evangélica ha ofrecido un mini-taller de finanzas. Vino un profesor dedicado a la Banca y bastante entendido en temas de inversiones. Nos proveyó de un presupuesto y algunos tips para invertir. Lejos de otras alternativas más riesgosas, la propiedad en Chile es la más rentable, sea un terreno pelado en el Norte, una casa de playa o un departamento en alguna comuna central.

Reconozco que el ahorro es mi lado flaco. Es la razón por la que uso agenda, lista del supermercado y billetera con lo necesario cuando voy al barrio Meiggs, antro de toda clase de ofertas, ofertones y gangas "imperdibles".

¿Dónde está la medida entre el ahorro y el consumo?
Tal vez aprender a vivir con sencillez como lo recomienda el evangelio, los proverbios y el sentido común.

El peligro está entre la avaricia y el despilfarro, un amplio espacio con infinitos intermedios.


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Ordena a los que se hacen ricos con las cosas del mundo 
que no se llenen de orgullo. 
Diles que pongan su esperanza en Dios, 
no en el dinero, porque el dinero no es seguro. 
En cambio, Dios nos da todo en abundancia para disfrutarlo.  
Diles que hagan el bien, 
que se hagan ricos en buenas obras, 
que den con alegría y que estén dispuestos a compartir.  
Si así lo hacen, estarán acumulando un tesoro en el cielo, 
que será una base firme para el futuro.
 Entonces podrán tener la verdadera vida.


1 timoteo 6:17-19 (PDT)
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lunes, 26 de junio de 2017

Drones en la ciudad.

El invierno ha llegado con novedades.
Esto de la tecnología no termina por asombrar nuestros cerebros.
Esta vez son los drones.
Un muchacho toca a la puerta, llega el envío de un dron a casa, de China, por supuesto. Pareciera que no hay otro país donde comprar online.
Me han pedido si lo puedo recibir por la facilidad de la entrega, vivo frente a Correos.
Sin duda es un aparato curioso, por adjetivarlo de alguna manera. Se eleva con una facilidad prodigiosa, tanto que una se queda turulata mirando  sin atinar a nada.

Tal vez nuestra época dieciochera -tan divertida para los niños-  de volantines y cometas ha pasado a la historia, estos nuevos juguetes invadirán los aires en un futuro próximo.
Más aún, las autoridades han aportado lo suyo probando con uno para fiscalizar a los  porfiados que contaminan con chimeneas a leña, cuestión regulada hace bastantes años.
Los tiempos van cambiando vertiginosamente. Espero que tanta novedad no nos aleje de la fe y el amor, ni nos inquiete por el porvenir. Como Jesús lo dijo " cada día trae su propio afán",  lo tomaré con calma.


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Sea el nombre de Dios
bendito por siempre;
suyos son sabiduría y poder.

Concede sabiduría a los sabios
y ciencia a los perspicaces.
Revela lo profundo y lo secreto,
conoce lo que ocultan las sombras
y la luz mora junto a él.

Daniel 2:21 (BLPH)
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miércoles, 21 de junio de 2017

Una persona común.

Escuchamos encendidos sermones.
Promesas sublimes.
“Cuando seas mayor Dios te usará para grandes cosas”.
“Dios tiene un plan maravilloso para tu vida”
“Sigue tus sueños, tú tendrás un gran futuro”.

¿Dónde quedaron esos ofrecimientos?
¿En qué recodo del tiempo se perdió la grandilocuencia?
¿Cuántos de nosotros somos “grandes”? (Y por cierto, ya llegamos a mayores).
Ni profetas, ni misioneros, ni predicadores, ni exitosos, ni elocuentes.

Común.
Exactamente eso, común.
Casi invisible.
Ejecuto cada día actos pequeños, visito una enferma, doy un pan con algo adentro, un vaso de agua, una taza de té, canto una canción que nadie –excepto Dios- escucha.
Escribo palabras breves –ni me atrevería a publicar un libro-, hago rogativas que muchas veces no resultan como las espero, voy a funerales –este año ha sido el peak-, riego las flores. Cuido unos patos que a nadie importa si viven o mueren (a mí obvio que sí), me levanto con la esperanza que este día suceda algo extraordinario de parte de Dios, como decía el cantor aquel “una luz segadora, un disparo de nieve”, lo más cercano ha sido el viento impetuoso que botó las hojas de las palmeras, por un momento pensé que alguna terminaría en el suelo.
¿Soy infeliz porque no tengo un nombre en los periódicos?
¿Me siento postergada porque mi rostro no triunfa en las páginas sociales?
¿Me consume el desasosiego porque perdí el tiempo en actos insignificantes, a veces modestos y anónimos?
En absoluto.
He recibido más de lo que he dado.
Me han amado más de lo que he amado.
He sido bendecida más allá de mis limitaciones.
Él me ha guardado de noticias catastróficas.
Tengo entero el esqueleto y conste que he tenido caídas espectaculares.
Mi corazón no sabe de taquicardias.
Es verdad, nunca soñé demasiado, ni fui “aspiracional”.
Nunca escalé una montaña para batir un record o corrí una maratón, cuando voy al volante mi velocidad es la que estipula la ley, 60 Km/por hora en la ciudad, 90 en carretera.
Mamá decía (con alguna razón), que su hija no tenía ambiciones.
Yo estuve –y estoy- dispuesta a los trabajos nimios, ocultos, sin gloria.
El único deseo que tengo (en eso me declaro aspiracional)  no lo he logrado aún, tal vez deje la vida en el intento.

 
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 "Y cualquiera que como discípulo dé a beber 
aunque sólo sea un vaso de agua fría a uno de estos pequeños,
 en verdad les digo que no perderá su recompensa.”

Mateo 10:42 (NBLT)

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lunes, 19 de junio de 2017

Quebrados.

 "El 41% de los chilenos está endeudado 
o le cuesta llegar a final de mes. 
Esto corresponde a casi 7.000.000 de chilenos.

Francisco sale de la oficina del prestamista como sonámbulo, el sol mortecino de otoño apenas entibia su angustia.
Las deudas lo abruman.
El colegio de los niños, las cuentas básicas vencidas, la cuota del depto., la tarjeta del supermercado,  la mantención del auto…
El cambista apenas cubre lo más elemental y un 10% de interés le roerá los huesos.
Piensa alternativas, un tercer trabajo, mudarse de barrio, declararse en quiebra… Ninguna lo satisface.
Los cambios por apuro agravan la situación, lo sabe por su padre que pagó las deudas con cinco años de prisión. Lo sabe por su madre que encaneció en un día. Lo sabe por su hermana que se casó con un campesino con plata para sacar la familia de la quiebra, olvidó todos sus sueños de profesional.
Ensimismado tropieza con los cartones que obstruyen la vereda, el hombre sentado sobre ellos le extiende una mano rugosa, patrón –le dice-, yo también un día vine a esa oficina. Lo perdí todo ahí, apunta hacia la casa de usura.
Francisco se estremece, como un poseso huye del lugar, ha visto –por un segundo- su futuro.



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  Las semillas que cayeron entre los espinos 
representan a los que oyen la palabra de Dios, 
 pero muy pronto el mensaje queda desplazado 
por las preocupaciones de esta vida, 
el atractivo de la riqueza 
y el deseo por otras cosas, 
así que no se produce ningún fruto.

Jesús en el Evangelio de Marcos 4:18-20 


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jueves, 15 de junio de 2017

La final de Master Chef.

En casa vemos la final de Máster Chef.
Gana mi favorito, Faryd, un muchacho esforzado, sencillo y de bajo perfil.

Pienso en cómo cocinamos los chilenos, de “nouvelle cuisine tenemos poco y nada.
Los más puristas aseguran que no existe algo así como "la cocina chilena", y ¿de qué nos alimentamos durante todos los siglos pasados?
En general nuestros platos son mazacotudos –muy sabrosos- y casi todo lo decoramos con cilantro.
Si no, fíjate en la cazuela. 
O los porotos con rienda. 
O el charquicán, ese engendro incunable, como que una cocinera aburridísima tiró de todo dentro de la olla y ¡halá!, almuerzo digno de cualquier mesa chilena.

De tanto mirar canales gourmet algo he aprendido. Por lo pronto,  a cocer los elementos en su medida justa, consumir  verduras crudas y sin salsas adicionales.  Conservo la tradición de mi madre, los platillos especiales -más elaborados- para alguna celebración.

Comer es un acto sagrado, en nuestra mesa aún se da gracias por los alimentos, creemos que Dios es nuestro proveedor y el que nos bendice con los múltiples sabores, aromas, especias y colores.


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No se inquieten por lo que van a comer 
o lo que van a beber. 
No se preocupen por esas cosas. 
Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos en todo el mundo, 
pero su Padre ya conoce sus necesidades. 
Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás, 
y él les dará todo lo que necesiten.
(Evangelio de Lucas 12:30-31 (NTV)

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lunes, 12 de junio de 2017

Introspectiva.

Camino por calles grabadas en mi mente,
Veredas que reconocen el ritmo de mis pasos,
Una valla de madera derruida detiene los ladrones
(o el ángel que no duerme)
Un pequeño reino detrás de las puertas
Una luz cálida cuando llega el invierno.
Recreo los espacios
Froto los muebles como si de espejos se tratara
Conservo piedrecillas de playas felices
Macetas de plantas dormidas
Murmullo de aves en pleno vuelo
Arboles devastados por un machete desdichado
Una casa temporal
Ataviada para el visitante
El espacio que abandonaré
(Solo Dios sabe el día y la hora)
Otra heredará el silencio
El jardín, los tiestos decorados
Como yo heredé el olivo y la parra.
Podría rebelarme y llorar esa partida
Pero no, en la renuncia está el amor
En el amor el deleite
Ya todo se ha dicho, la fecha está por expirar
El último trecho del camino
Tiempo establecido para todo
Para que vuelva a resucitar en otras risas
En otros pasos jóvenes y nuevos
En otras huellas y otras voces
La casa florecerá en el tiempo
Si la libero de mí 
Las luces brillan con más fuerza
La Palabra vuelve al poder original
El agua renueva su frescura
La tierra renace en el verde de las hojas
Los arboles se cubren de vigor
El hogar cumple su designio
Y el soplo vuelve a su único Creador.


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 Me fijé que en esta vida la carrera no la ganan los más veloces, ni ganan la batalla los más valientes; que tampoco los sabios tienen qué comer, ni los inteligentes abundan en dinero, ni los instruidos gozan de simpatía, 
sino que a todos les llegan buenos y malos tiempos.

Eclesiastés: 9:11 (NVI)


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jueves, 8 de junio de 2017

Una y mil maneras de servir.

Acompaño a un hermano a la Posta de Urgencias, este invierno ha sido particularmente enfermizo y accidentado.
La noche es fría y la sala está llena, no hay muchas posibilidades que la atención sea rápida.
Me siento entre la gente con el ánimo de esperar. Cuando una se rinde al momento puede darse a las personas y escuchar sus múltiples historias. Uno se ha trizado el peroné jugando fútbol, otra tiene una fuerte migraña, tal vez producto de la alta contaminación del aire.

De pronto llegan unas personas, visten unas chaquetas sin manga color verde petróleo –algunos mayores, otros más jóvenes- con bandejas. En sus chaquetas está escrito “Dios es amor”.
Nos ofrecen un café caliente y un pan.
Es gratis, dice el más joven, y sonríe.
Invariablemente todos los que esperamos recibimos el regalo y damos gracias.
Reparten durante un rato, hasta que se termina todo –y no es poco-, luego se van en silencio.
La persona sentada a mi lado me explica, “los hermanos” vienen todos los jueves por la noche y regalan café y sándwich, durante el verano o el invierno, en vacaciones y días laborales, son fieles a su propósito de jueves.
Es maravilloso ver cómo una tarea tan sencilla puede ser un servicio que anime en un lugar de dolor y desaliento como lo es la Posta.
Tal vez Dios me llevó a ese lugar solo para ver este acto de amor sin pretensiones -ni vanidad- más que dar.
Mi enfermo sale sin ningún hueso roto, apenas un esguince y un paracetamol.


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  Dios, en su gracia, 
nos ha dado dones diferentes 
para hacer bien determinadas cosas. 
Por lo tanto, 
si Dios te dio la capacidad de profetizar, 
habla con toda la fe que Dios te haya concedido.  
Si tu don es servir a otros, 
sírvelos bien. 
Si eres maestro, enseña bien.  
 Si tu don consiste en animar a otros, anímalos. 
Si tu don es dar, hazlo con generosidad. 
Si Dios te ha dado la capacidad de liderar, 
toma la responsabilidad en serio. 
Y si tienes el don de mostrar bondad a otros, 
hazlo con gusto."

Romanos 12:6-8

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martes, 6 de junio de 2017

¿Cuál es tu palabra favorita?

Me preguntó una amiga “¿cuál es tu palabra favorita?”
Por un momento quedé en suspenso, son tantas y tan variadas ¿cómo podría elegir solo una?
Todas las palabras tienen una historia que contar, más allá de su belleza, el sonido, la forma, el significado o la asociación mental que tenemos de ella.
Pienso que tal vez la más bella sea Gracia.
Fonéticamente es breve, tiene la letra r incorporada (me gustan las palabras con erre), sin embargo lo que me atrapa es lo que significa, aunque –debo confesar- todavía no la comprendo completamente.
Tengo de las palabras esa aproximación intangible, un ligero esplendor.
A veces se dejan ver, otras se esconden como el cielo entre nubes.
Hay días que todo es tan claro y luego pierdo la luminosidad como si mis ojos estuvieran debilitándose.

Me siento debajo de la parra que hoy apenas tiene unas hojas secas y sé que debajo de esa marchitez está la savia trabajando a mil. Tantas veces la he dicho “gracia”, tantas veces la he escrito en el PC, en mis cuadernos, con letra imprenta o cursiva, la he paladeado, la he dibujado, he aprendido definiciones de memoria como lo que dice el apóstol Pablo:
"Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto  que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!)" Efesios 2:4-5

¿Tienes una palabra favorita?




jueves, 1 de junio de 2017

La destrucción de los mitos evangélicos.

Mito uno.-De niña crecí con la ingenua seguridad que un cristiano nunca moriría en un accidente.
¡Vaya suposición errada!
No sé de dónde saqué esa doctrina, por cierto, absolutamente personal y extra-bíblica. El día que murieron en un choque 12 jóvenes de una iglesia de Linares que andaban en misiones, se me movió el piso.
Mito dos: Me duró hasta los 14 años la certeza que los cristianos eran fieles esposos (as), dedicados a sus hijos y que jamás mirarían el “prado” –un decir eufemístico- del vecino. El ministro principal y la secretaria de la iglesia se enredaron en una aventura, escándalo general, pueblo chico, todo se sabe. Estupefacción.
Mito tres: Los hijos (as) de evangélicos no se embarazan si son solteros. Basta mirar un poquito las estadísticas para que la realidad diga lo contrario.
Mito cuatro: Los evangélicos no roban. Con mis ojitos hipermetropíos he visto “hermanas” llevar algo que no les pertenece. ¿Serán cleptómanas? Ha llegado a nuestra Comunidad un buen sicólogo, estoy tentada a decirles que soliciten una hora de consulta.
Mito cinco: Jamás de los jamases un cristiano se suicidaría. El día que llevaron a mi amiga M. como un bulto inerte a urgencias, algo se me destrozó en el alma. Murió por el camino. Creció en la iglesia, padres evangélicos, cantó en el coro, fue maestra de niños y la mujer más dulce que haya conocido. ¿Qué pasó por su mente para llevarla a ese extremo?
Mito seis: (Aporte de mi amigo Cris.) Los evangélicos no procrean niños disminuidos o diferentes. Y conversamos el caso del muchacho ciego.
Mito siete: Un cristiano nunca “copiaría” en un examen. Lo vi cuando estudiaba y “no me cabía en la cabeza” que seminaristas voluntarios abrieran furtivamente su cuaderno de notas para responder en un examen. Se supone que la Teología es el gran tema que estudiamos.

Después de la destrucción de tradiciones creadas por mi mente ignorante, me dediqué a estar cerca de la gente para comprender la razón de por qué viven como viven y por qué toman las decisiones que toman. Mientras escribo recuerdo al poeta Rilke: “Se humilde ahora como una cosa madura para la realidad, -“ 
*Al margen: qué mito has tenido que vencer?


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 Rechaza las leyendas profanas y otros mitos semejantes. 
Más bien, ejercítate en la devoción a Dios.

1 Timoteo 4:7


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jueves, 25 de mayo de 2017

La historia detrás de las palabras: Yámana.


Acompaño a un amigo a la Posta de Urgencias.
Mientras esperamos atención médica observo las personas, varios haitianos, alguna venezolana (el acento los delata) y chilenos con cara de malestar. No es un lugar para reír, sin duda.

Miro con interés las paredes recién pintadas, han colocado una exposición de fotografías, me acerco a leer las placas grabadas con la explicación de cada una.
Todas muestran rostros curtidos de los yámana, habitantes del fin del mundo, indígenas de los hielos, nativos de temperaturas menos 12 grados, hielo, aguas gélidas, vida muy simple.
Tan inocentes. Pareciera gente sin pecado. Mirada directa y seria.

Pienso en Felipe y María amigos que viven en Puerto Williams y apenas conocen el sol.
Cuando nos visitan no soportan el calor de la capital. Siempre ríen cuando reclamo por el frío de Santiago, "no podrías vivir al Sur del mundo", me dicen.

Los yámana apenas se vestían con unas pocas prendas ¿cómo soportaban las bajas temperaturas?
Tengo que saber su secreto, porque nuestros inviernos son cada día más helados.
 
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" ¿Quién no te temerá, Señor, 
y glorificará tu nombre?
 Pues solo tú eres santo. 
Todas las naciones vendrán y adorarán delante de ti, 
porque tus obras de justicia han sido reveladas".

Apocalipsis 15:4 
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Si sientes curiosidad, mirar aquí:

http://www.acercandoelmundo.com/contenidostemas/contenidos.asp?id=55


lunes, 22 de mayo de 2017

La voz.

La noche del día que la U. de Chile ganó el Campeonato Nacional de fútbol, oré a Dios.
Pedí una señal, oír su voz, algo.
Algo que menguara un poco el frío glacial que se ha instalado después de las lluvias y relegara a segundo plano las noticias mundiales, cada vez más raras y difíciles de comprender.

Desperté asustada,  en la profunda oscuridad  alguien voceaba mi nombre con fuerza.
De un salto me levanté y a la manera del profeta Samuel exclamé: “hable, Señor, su sierva escucha”.

Extrañamente - a diferencia de otras noches-, un ruido incesante de vehículos rompía el silencio natural de las tres a.m.




Fotografía de Santiago, tomada de aquí:
http://elevation.maplogs.com

lunes, 15 de mayo de 2017

Comprensión lectora.

El tiempo avanza a velocidad inusitada.
No sé cómo lo hacían nuestros antepasados cuando se leían esos mamotretos de 800 a 3.000 páginas, como el Ulises, En busca del tiempo perdido, La guerra y la paz, o los más modernos, Conversación en la Catedral y Cien años de soledad.
¿Tenían más tiempo?
¿Los días eran de 48 horas?
¿La luz era más resplandeciente o sus ojos más resistentes?
¿Trabajaban menos?
Aparte de largas lecturas, su comprensión del texto era más acabada y profunda que hoy.
Recuerdo cierto libro (no quiero nombrarlo para no prejuiciarles) , cada vez que llegaba a la página 50 me bloqueaba. Después de tres intentos me rendí a la evidencia que no pasaría de ahí, mis limitaciones son difíciles de superar.

Hace unos días conversaba con una amiga –joven lectora destacada - y me decía, “mis compañeras no comprenden lo que leen, ni siquiera los mensajes de Wathsapp, no entiendo cuál es la complicación”. Recordé aquella historia que detallara el escritor Lucas en el libro de Los Hechos:
“Felipe corrió para alcanzar el carruaje.
Cuando ya estuvo cerca, escuchó que el oficial leía el libro del profeta Isaías.
Entonces le preguntó: — ¿Entiende usted lo que está leyendo?
Y el oficial de Etiopía le respondió: — ¿Y cómo voy a entenderlo, si no hay quien me lo explique?
Dicho esto, el oficial invitó a Felipe a que subiera a su carruaje y se sentara a su lado.
En ese momento el oficial leía el pasaje que dice:
«Fue llevado al matadero, como se lleva a las ovejas para cortarles la lana. Como si fuera un cordero, él ni siquiera abrió su boca. Fue maltratado y humillado, pero nunca se quejó.
No lo trataron con justicia; no llegó a tener hijos porque le quitaron la vida.»
El oficial le preguntó a Felipe: —Dígame usted, por favor: ¿está hablando el profeta de él mismo, o de otra persona?
Entonces Felipe, partiendo de ese pasaje de Isaías, le explicó las buenas noticias acerca de Jesús. “ (Hechos 8: 30:35)

Tal vez es eso, necesitamos “alguien” que nos revele el significado de las palabras, que nos explique los porqués, el cuándo y el cómo de lo que leemos.

Leer es un acto de fe.
Necesito alguien que descorra la cortina.
Necesito la revelación de las palabras, el click, la iluminación...



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 Si eres capaz de leer estas palabras
 y explicarme el significado, 
te haré vestir con mantos púrpuras,
 propios de la realeza, 
y recibirás una cadena de oro en el cuello...

Daniel 5:16

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miércoles, 10 de mayo de 2017

Atardecer de un día cualquiera.

Es el atardecer de un día de trabajo.
Los funcionarios caminan entre las hojas caídas de la vereda dejando sobre sus escritorios las peticiones que la comunidad hace al Municipio.
Los muchachos pasan riendo y conversando en voz alta, la juventud se mueve inquieta en sus cuerpos que cambian día a día, pareciera que les quedan estrechos.
El sol se detiene sobre la Cordillera de los Andes iluminando las grietas y los restos de nieve en las alturas.
Es el otoño que nos regala una luz dorada y fugaz, la belleza alienta el corazón, una brisa venida del poniente juega entre las hojas y alborota ligeramente los cabellos, la tarde se mueve como si hubiera trabajado sin parar y cansada espera recostarse en la oscuridad que bordea de sombra los objetos.
Poco a poco la ciudad se adormece, se encienden las luces de los departamentos, la televisión va proyectando las noticias del día y esbozando los pronósticos de un mañana hipotético. Decae el tráfico vehícular, desaparece la prisa. 
Hay tanta paz en la ciudad dormida, disfruto el silencio de la noche, silencio roto apenas por el canto de un zorzal que busca apresurado su nido.



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"Al anochecer,
 al amanecer 
y al mediodía 
oraré y clamaré;
y él (Dios) oirá mi voz."

Salmos 55:17 


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