lunes, 14 de agosto de 2017

Los ritos sociales.

De niña detestaba los rituales.
Tal vez porque mi infancia fue libre o tal vez por el trabajo de mamá,  me dejaba mucho tiempo libre para disponerlo como quisiera.
Si fuese hoy estaría –sin duda- horas navegando por internet o haciendo zapping en los canales de cable.

Los rituales me incomodaban, a veces me ponían triste, en general los evitaba con excusas como “tengo mucho que estudiar” y otras parecidas.
Y cuando digo rituales me refiero a bodas, cumpleaños, onomásticos, las fiestas patrias, las vacaciones o los años nuevos.
Con el tiempo uno aprende –dice el poeta- y va cambiando algunos paradigmas un poco antisociales y se rinde al amor, la amabilidad y acepta algunas invitaciones, las que nos permitan el trabajo y las responsabilidades hogareñas, por cierto.
La vida tiene sentido en los ritos, las fechas, los signos, las banderas.
Cada pueblo tiene los suyos, cada comunidad se identifica con formas, Jesús fue insoportable a la sociedad farisea porque traspasaba esas formas que les daban sentido de pertenencia y les unían como nación.

Los evangélicos tenemos ritos propios e inalterables, no pocos (tal vez algún día nos atrevamos a detallarlos con la colaboración de algún amigo-a).
Los chilenos somos distintos en rituales a los peruanos, argentinos o venezolanos que han llegado por estas tierras.
Con el advenimiento de otras etnias y otras costumbres estamos aprendiendo que no somos el centro del universo y que hay otras conductas tan bellas y válidas como las nuestras para celebrar lo que sea.



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 Había un hombre allí que tenía una mano paralizada, 
y como buscaban la manera de acusar a Jesús, 
entonces le preguntaron: 
—No se debe sanar en el día de descanso, ¿verdad?

Jesús les contestó:
—Si alguno de ustedes tiene una oveja 
y en el día de descanso esta se cae en un pozo, 
no es verdad que va y la saca del pozo?  
¡Pues un ser humano vale más que una oveja! 
Por lo tanto, está permitido hacerle bien a la gente 
en el día de descanso."

Mateo 12:10-12 (PDT)

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lunes, 7 de agosto de 2017

Una Biblia nueva.

Hace unos días compré esta Biblia, NVI, para uso personal.
Tengo 14 traducciones en formato digital, pero no hay caso, me sigue atrapando la edición impresa, soy un espécimen que necesita papel en todas sus versiones, blanco, de colores, couché o hasta roneo.
Mis dedos añoran la suavidad de las hojas, los oídos buscan –entre tanto ruido infortunado- el sonido apacible al dar vuelta las páginas. Hay una paz cómplice entre libro y lectora, aparte del lenguaje, el color o la grafía.
Venía de regalo una tarjetita para separar las lecturas (si quieres alguna vez regalar un libro, ese es un buen detalle).
Me instalo a hojearla “a lo pentecostal”, donde una abre las páginas se inicia una lectura, sin un método temático u ordenado. Ya habrá tiempo para intentar un estudio libro por libro o exegético, tomar apuntes o hacer comparaciones.
De momento me deleito en este libro nuevo, sin brizna de polvo o marcas de otros dedos.



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 ―Señor —contestó Simón Pedro—, 
¿a quién iremos? 
Tú tienes palabras de vida eterna. 
Y nosotros hemos creído, 
y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

 Juan 6:68-69 NVI
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miércoles, 2 de agosto de 2017

Ajiaco, recetas chilenas.

Se ha puesto de moda ofrecer en los restaurantes "ropa vieja", o sea, comida reciclada.
Sucede, en la cocina quedan restos, a veces papas, a veces pollo, a veces carne.
No llegaron todos los invitados, no supimos calcular, en fin, podemos reutilizar el alimento sin que pierda su calidad y transformarlo en un buen plato nuevo.
Restos de un asado nos sirven para este sabroso caldo, especial para el invierno.
Unos 300 gramos de carne asada la picamos en tiritas (Si no hay se puede hacer con posta cruda).
4 papas cortadas en juliana no muy delgadas.
1 cebolla, cortada en pluma.
1 zanahoria en juliana (tiritas)
1 huevo.
2 dientes de ajo
1/2 pimentón cortado en tiritas.
1 cucharada sopera rasa de harina.
Cilantro picado.
Ají  a gusto.
1 cubo de caldo concentrado de carne.
Sal y aliños a gusto, particularmente solo empleo orégano.
Preparación:
Sofreir la carne y los aliños, colocar  3 o 4 tazas de agua fría.
Agregar el caldo concentrado y dejar que la carne suelte sabor.
Agregar la zanahoria y la cebolla, luego de unos 5 minutos  las papas.
Cocinar unos 20 minutos más, hasta que las papas estén blandas.
Agregar la harina disuelta en un poco de agua fría
Batir el huevo, agregarle de a poco el caldo de la cocción.
Apagar el fuego. Colocar el huevo, revolver.
Poner cilantro para servir y el ají en un plato para que cada comensal le coloque lo que desee.
Sencillo, y como dicen las chicas modernas "ayudamos al planeta" (y de pasada al bolsillo personal).



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No se preocupen tanto 
por las cosas que se echan a perder, 
tal como la comida. 
Pongan su energía en buscar la vida eterna 
que puede darles el Hijo del Hombre. 
Pues Dios Padre me ha dado 
su sello de aprobación.

Jesús en el evangelio de Juan 6:27

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(Fotografía gracias a Juan Pablo Turén)