martes, 26 de agosto de 2014

Llueve con sol.

A veces me siento como Enriqueta.
Algunas personas creen que el mundo es este pequeño círculo en el que nos movemos.
O que todo se reduce a derechas o izquierdas.
Ha llovido con sol.
Ha temblado 6.4 en Santiago mientras llovía a torrentes.
Un amigo  socialista se declara creyente en Dios.

¿Con qué nos sorprenderá la vida? 
Ya lo descubrió un antiguo rey:

"Y eso no es todo lo que carece de sentido en nuestro mundo. 
En esta vida, 
a las personas buenas se les suele tratar como si fueran malvadas, 
y a las malvadas, como si fueran buenas. 
¡Eso no tiene ningún sentido!"

(Eclesiastés 8:14)




(Por cierto, la viñeta con mi admiración a Liniers. La nación.ar)


sábado, 23 de agosto de 2014

Solo la Gracia.


Tu gracia… ¡oh, Señor!, tu gracia es eso, inmerecida, absolutamente inmerecida. 
Más allá de las caídas en la oscuridad y los intentos de avanzar (altos y bajos), más allá de los temores y las pesadillas o las locas alegrías, tu gracia sostiene la brizna de hierba y mis infinitesimales segundos, precarios, intangibles, inestables. 
Solo bastaría una arritmia, unos minutos sin respiración, unos segundos sin latidos y la inercia traspasaría las carnes para destruir todo vestigio de aliento. 
¡Ah!, Dios, ¿quién merece siquiera una mirada tuya? 
Somos un desconcierto maloliente de pensamientos impunes, navajas afiladas, descompuestos hasta la médula, hasta lo más imperceptible de cada reflexión, nada vale, nada sirve, ni un miserable verso o una nota que consideramos genial. 
Menos la cartera de clientes. 
La mansión. 
Una mesa fastuosa.  
La joyería. 
Hojarasca llevada por el viento. 
Apariencia. 
Despreciable cualquier acto, ingratitud, bribonería, indecencia, ruindad, perversión. 
¿Podremos levantar la cabeza para suplicar clemencia? 
¿Hay esperanza para el inútil y desvalido ser que se arrastra sin sentido entre la putrefacción de los cadáveres que lo habitan? 
¿Podremos, acaso podremos salvarnos de semejante condición? 
El pus ha entrado en nuestros huesos, se ha insertado en la laminina, se desintegran las células sin que médico alguno halle el antídoto. No, nada he merecido. 
Cada acto, cada palabra, cada intención, todo fue traslapado por la sordidez de la maldad, cuando creí que era inocente, la ignorancia no fue la salvación. 
Oh, Dios, estoy pegada a la tierra, alucinada frente a la luz que enfoca una a una la innoble y estúpida pretensión de pureza. 
¿Acaso soy mejor que otras? 
En absoluto. 
¿Soy peor? No. 
Nacidos corruptos, crecemos con el germen tratando de aderezar cada suceso con belleza prestada, con luces tenues que dibujen y diversifiquen las imágenes. 
Nada es real, masa amorfa, un supuesto. 
“Mal de muchos, consuelo de tontos”, reza el dicho. Pero no hay consuelo. 
Nuestras ciudades hieden con lupanares a la vuelta de la esquina. 
Todo amor infecundo. 
Toda dádiva obsoleta. 
¿Qué puedes ofrecer, alma, al Dios Santo que todo lo ilumina? 
Desnudos y heridos, precarios e indignos. 
Ah, Señor, nada hay para ofrecer, nada de nada, solo las ruinas de lo que pudo ser. 
Restos abortivos, muñecos rotos que nadie recicló, fracaso pleno.
Desde la invalidez me aferro a lo único que vale, tu eterna gracia, la gloriosa, magnífica, absoluta gracia que transforma, recrea, revive. 
Nacer de nuevo. 
Respirar otra vez. 
Vivir. 
¡Vivir! 




(Versión libre del libro Isaías capítulo uno)

lunes, 18 de agosto de 2014

Clase media.

Una amiga –a propósito de la reforma tributaria que se discute en estos días- me decía: “en Chile, lo peor es ser de clase media, tienes que sufrir todo tipo de cambios, reformas y siempre quedas en desventaja, tal vez es mejor ser pobre y el estado te subsidia, si no puedes ser rica ¿no?” 
¿Tendrá razón? 

Partidaria de consultar toda clase de problemas con la Palabra,  me encontré con este texto: 
"Oh Dios, te ruego dos favores; concédemelos antes de que muera. 
Primero, ayúdame a no mentir jamás. 
Segundo, ¡no me des pobreza ni riqueza! 
Dame sólo lo suficiente para satisfacer mis necesidades. 
Pues si me hago rico, podría negarte y decir: «¿Quién es el Señor?». 
Y si soy demasiado pobre, podría robar y así ofender el santo nombre de Dios."
(Proverbios 30:7-9)

Creo que el proverbista es más sabio que mi amiga, ser de “clase media” tiene más ventajas que desventajas. 
Una conocida opina que los chilenos no somos "aspiracionales", ¿qué es eso? -según ella-, nos quedamos en la media por flojera, poca inventiva y comodidad.
Es posible.
Por lo menos yo, nada de reloj de oro o uno made in China.
Ni cartera Louis Vuitton o tejida a palillos.
Mi mayor riqueza, ver a mi lado un niño que lee la Biblia,  concentrado como si se tratara de una final futbolera. 

Un descanso mental, no le debo nada al Estado, ni un subsidio o algún impuesto. 
Ni el Estado me debe nada. 
Estamos en paz.


 



(Fotografía: Calle del centro de Santiago-Chile)



lunes, 11 de agosto de 2014

Leer en voz alta.

Pequeño para sus 7 años, travieso y voluntarioso.
En el pupitre, frente a nosotros, hay 3 libros de lectura.
-¿Cuál quieres leer?
-El de los vikingos.
Avanzamos lentamente entre fiordos, montes gélidos, mares tempestuosos, vegetación escasa, pesca y piratería. Los vikingos eran poderosos, resistentes y espectaculares. Tenían que serlo. Su mundo era difícil y sacrificado. 
Apenas llegamos a la quinta página y tocan el timbre.
-Mañana lo volvemos a leer, le digo.
-Bueno.

Al día siguiente llueve a cántaros.
Jonathan se moja por completo en el recreo.
Apoderada ausente. 
Cambio de ropa en enfermería.
-Tendrás que quedarte aquí, dice la encargada, mientras secamos tu ropa.
-¿Puedo pedirle algo? Quiero leer un libro de la Biblioteca. El de los vikingos.

Ante los ojos asombrados de las educadoras, Jonathan empieza a leer en voz alta la historia de lejanos guerreros llenos de valor y esfuerzo.

Cuando hacemos el recuento del día de lectura, la encargada nos relata su sorpresa, cómo un niño que apenas leía ha estado toda una tarde ejercitándose en un acto tan sencillo, leer en voz alta.



....................................................................... 


Instruye al niño en el camino correcto, 
y aun en su vejez no lo abandonará. 



Probervios 22:6 (NVI)



 ............................................................................. 


jueves, 7 de agosto de 2014

Clamor.


¿Era el año 1995?
O tal vez el '96. 
Estudiábamos en una escuela de oración, “La Brecha”, obviamente su nombre fue tomado del pasaje Ezequiel 22:30. 
Soñábamos con ese solitario ser humano que Dios estaba buscando. 
Queríamos ser intercesores, a pesar de un desconocido  temor.
Al final del año se nos asignó aleatoriamente una nación por la cual orar. 
Todos adoptamos un país como práctica permanente.

Investigué el lugar que me tocó.
Busqué el mapa, lo imprimí. 
Puse su bandera en mi escritorio. 
Y rogué.
Prometo que fui fiel en algunos tramos. 

Pero el tiempo borra o dilata muchos buenos propósitos. 
A pesar de eso, nunca olvidé aquel pueblo. 
Cada vez que oía una noticia, volvía a la oración. 
Un día me suscribí a las alertas de Google. 

Las noticias a veces abruman, los sueños inquietan, ruego y pareciera que las oraciones son pocas, casi inútiles. Aparentemente nada cambia.

Hasta que llega una brisa, una esperanza.
Ellos son –me dicen-, misioneros en el lugar donde has estado orando. 
¿Es una respuesta concreta? 
¡Vaya que sí!

Me asusta comprender que he sido (que soy) parte de un proyecto extraordinario, impresionante y definitivo. 
Me asombra que Dios haya puesto sus ojos en mí y haya revelado hace tanto tiempo sus deseos. 

¡Ah!, el escalofrío, aquello inexplicable que nos trastorna y nos cambia para siempre, eso intangible que rompe arquetipos y nos desarrolla la fe. 

Me inclino en la oscuridad de la noche y pido perdón. 
Por los días que dudé, por los momentos de abandono, por las incertidumbres. 
Tomo de nuevo el compromiso, la fidelidad, el amor. 

Cuando era niña nunca tuve miedo. Sabía que mi madre oraba cada día por mí. 
Quiero que ellos estén seguros que estaré aquí, cada mañana pidiendo protección, fuerza, gozo y productividad en la tarea. 


--------------------------------------------------------

Y esto le pido en oración: 
que el amor de ustedes abunde aún más 
y más 
en ciencia y en todo conocimiento, 
para que aprueben lo mejor, 
a fin de que sean sinceros e irreprensibles 
para el día de Cristo, 
llenos de los frutos de justicia 
que vienen por medio de Jesucristo, 
para gloria y alabanza de Dios. 


Filipenses 1:9-11
--------------------------------------------------------

(Dedicado a mis amigos-hermanos-compañeros de milicia en tierras lejanas. Para todos y todas mi constante clamor y admiración.)




viernes, 1 de agosto de 2014

Default.

Él dejó de asistir a las reuniones de iglesia.
Más aún, su familia hizo causa común con él, tampoco asiste  –claro, era que no-, es el padre.
No contesta el celular, envía a buzón de voz. 
En su hogar dicen que está en el trabajo, turnos imprevistos, por supuesto. 

Ella me confidencia: “No asiste porque tiene una deuda conmigo –y agrega- no es poca”. 
Aval en una casa comercial, ella tomó un crédito para que él iniciara un negocio de verano. “Negocio redondo, miel sobre hojuelas”, le dijo. 

Nuestro pastor muchas veces nos advierte sobre los préstamos, nos anima a dar, alienta la devolución de aquello que se ha pedido prestado y el cuidado de no involucrarse en negocios dudosos. 

¿Quién es sabio y puede manejar con eficacia sus activos? 
¿Quién puede sustraerse a ganancias extra? 
¿Quién puede resistir una buena perspectiva de asociación comercial? 

Los negocios son arriesgados. 
Entre cristianos también. 
A menudo –o casi siempre- hay un riesgo: perder. 
O ganar, sin duda.  Volverse próspero, respetado.

Ella pide consejo. 
Me pide un consejo, yo, la peor inversionista. 
A menudo pedimos consejo cuando los hechos están consumados. 
Poco o nada que hacer, recurrir a tribunales, reunir pruebas, perder la amistad, confiar en la voluntad del deudor, orar, resignarse, todas alternativas que requieren paciencia, tiempo, ecuanimidad. 

 Las deudas son complicadas. 
 Deber o que te deban es igual. 

Default, una nueva palabra en el diccionario, una gran lección argentina. 
Más vale vivir “cash” ¿no?


---------------------------------------------------------------- 

Paguen a todos lo que deban pagar. 

No deban nada a nadie, 



(Apóstol Pablo en su carta a los Romanos 13:8)


 -----------------------------------------------------------------------