martes, 26 de agosto de 2014

Llueve con sol.

A veces me siento como Enriqueta.
Algunas personas creen que el mundo es este pequeño círculo en el que nos movemos.
O que todo se reduce a derechas o izquierdas.
Ha llovido con sol.
Ha temblado 6.4 en Santiago mientras llovía a torrentes.
Un amigo  socialista se declara creyente en Dios.

¿Con qué nos sorprenderá la vida? 
Ya lo descubrió un antiguo rey:

"Y eso no es todo lo que carece de sentido en nuestro mundo. 
En esta vida, 
a las personas buenas se les suele tratar como si fueran malvadas, 
y a las malvadas, como si fueran buenas. 
¡Eso no tiene ningún sentido!"

(Eclesiastés 8:14)




(Por cierto, la viñeta con mi admiración a Liniers. La nación.ar)


lunes, 18 de agosto de 2014

Clase media.

Una amiga –a propósito de la reforma tributaria que se discute en estos días- me decía: “en Chile, lo peor es ser de clase media, tienes que sufrir todo tipo de cambios, reformas y siempre quedas en desventaja, tal vez es mejor ser pobre y el estado te subsidia, si no puedes ser rica ¿no?” 
¿Tendrá razón? 

Partidaria de consultar toda clase de problemas con la Palabra,  me encontré con este texto: 
"Oh Dios, te ruego dos favores; concédemelos antes de que muera. 
Primero, ayúdame a no mentir jamás. 
Segundo, ¡no me des pobreza ni riqueza! 
Dame sólo lo suficiente para satisfacer mis necesidades. 
Pues si me hago rico, podría negarte y decir: «¿Quién es el Señor?». 
Y si soy demasiado pobre, podría robar y así ofender el santo nombre de Dios."
(Proverbios 30:7-9)

Creo que el proverbista es más sabio que mi amiga, ser de “clase media” tiene más ventajas que desventajas. 
Una conocida opina que los chilenos no somos "aspiracionales", ¿qué es eso? -según ella-, nos quedamos en la media por flojera, poca inventiva y comodidad.
Es posible.
Por lo menos yo, nada de reloj de oro o uno made in China.
Ni cartera Louis Vuitton o tejida a palillos.
Mi mayor riqueza, ver a mi lado un niño que lee la Biblia,  concentrado como si se tratara de una final futbolera. 

Un descanso mental, no le debo nada al Estado, ni un subsidio o algún impuesto. 
Ni el Estado me debe nada. 
Estamos en paz.


 



(Fotografía: Calle del centro de Santiago-Chile)



lunes, 11 de agosto de 2014

Leer en voz alta.

Pequeño para sus 7 años, travieso y voluntarioso.
En el pupitre, frente a nosotros, hay 3 libros de lectura.
-¿Cuál quieres leer?
-El de los vikingos.
Avanzamos lentamente entre fiordos, montes gélidos, mares tempestuosos, vegetación escasa, pesca y piratería. Los vikingos eran poderosos, resistentes y espectaculares. Tenían que serlo. Su mundo era difícil y sacrificado. 
Apenas llegamos a la quinta página y tocan el timbre.
-Mañana lo volvemos a leer, le digo.
-Bueno.

Al día siguiente llueve a cántaros.
Jonathan se moja por completo en el recreo.
Apoderada ausente. 
Cambio de ropa en enfermería.
-Tendrás que quedarte aquí, dice la encargada, mientras secamos tu ropa.
-¿Puedo pedirle algo? Quiero leer un libro de la Biblioteca. El de los vikingos.

Ante los ojos asombrados de las educadoras, Jonathan empieza a leer en voz alta la historia de lejanos guerreros llenos de valor y esfuerzo.

Cuando hacemos el recuento del día de lectura, la encargada nos relata su sorpresa, cómo un niño que apenas leía ha estado toda una tarde ejercitándose en un acto tan sencillo, leer en voz alta.



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Instruye al niño en el camino correcto, 
y aun en su vejez no lo abandonará. 



Probervios 22:6 (NVI)



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viernes, 1 de agosto de 2014

Default.

Él dejó de asistir a las reuniones de iglesia.
Más aún, su familia hizo causa común con él, tampoco asiste  –claro, era que no-, es el padre.
No contesta el celular, envía a buzón de voz. 
En su hogar dicen que está en el trabajo, turnos imprevistos, por supuesto. 

Ella me confidencia: “No asiste porque tiene una deuda conmigo –y agrega- no es poca”. 
Aval en una casa comercial, ella tomó un crédito para que él iniciara un negocio de verano. “Negocio redondo, miel sobre hojuelas”, le dijo. 

Nuestro pastor muchas veces nos advierte sobre los préstamos, nos anima a dar, alienta la devolución de aquello que se ha pedido prestado y el cuidado de no involucrarse en negocios dudosos. 

¿Quién es sabio y puede manejar con eficacia sus activos? 
¿Quién puede sustraerse a ganancias extra? 
¿Quién puede resistir una buena perspectiva de asociación comercial? 

Los negocios son arriesgados. 
Entre cristianos también. 
A menudo –o casi siempre- hay un riesgo: perder. 
O ganar, sin duda.  Volverse próspero, respetado.

Ella pide consejo. 
Me pide un consejo, yo, la peor inversionista. 
A menudo pedimos consejo cuando los hechos están consumados. 
Poco o nada que hacer, recurrir a tribunales, reunir pruebas, perder la amistad, confiar en la voluntad del deudor, orar, resignarse, todas alternativas que requieren paciencia, tiempo, ecuanimidad. 

 Las deudas son complicadas. 
 Deber o que te deban es igual. 

Default, una nueva palabra en el diccionario, una gran lección argentina. 
Más vale vivir “cash” ¿no?


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Paguen a todos lo que deban pagar. 

No deban nada a nadie, 



(Apóstol Pablo en su carta a los Romanos 13:8)


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