jueves, 29 de enero de 2015

Ideas para una ¡gran fiesta!

Para empezar un nuevo proyecto agradezco a:

https://hechoporkit.wordpress.com/ 

Me ha enseñado que una fiesta puede ser eso y más, ¡UNA GRAN FIESTA! si le pones un poco de empeño, un resto de amor y una pizca de creatividad.






" ...para aprender sabiduría y disciplina;
    para comprender discursos inteligentes;
para adquirir instrucción y prudencia,
    honestidad, justicia y equidad;
 para volver sagaces a los inexpertos;
    y dar a los jóvenes conocimiento y prudencia.
 El sabio que los escuche será más sabio;
    y el inteligente será más hábil;
 se entenderán los dichos y el lenguaje figurado,
    las palabras de los sabios y sus enigmas."

 (Palabras del sabio rey Salomón)





jueves, 22 de enero de 2015

Cultivo stevia.

El verano avanza y la dejadez se apodera de la ciudad.
Muchos emigran a veranear.
Yo siembro, aporco, limpio, riego.
Entre las regalos que brotan exuberantes –la tierra y el agua son una dupla maravillosa-, una  mata de stevia levanta sus hojas al aire con derroche. La gracia de la stevia es su extrema dulzura que la habilita para agregarla al té, café o mate, sin aporte calórico, aunque un amigo sostiene que el cuerpo humano no necesita adiciones de azúcar o sal que solo originan daños en el sistema (según él).

Si una contribución podemos heredar al mundo cuando salgamos de él será lo que quede establecido en la tierra, como lo dijo doña Gabriela : “donde haya que plantar un árbol, plántalo tú”

Tal vez este es un verano histórico. La cosecha ha sido abundante, hemos compartido el sabor de los duraznos, la sombra de la parra, el color de los hibiscos, la invasión del zapallo que trepa hasta el sitio vecino, la belleza de la buganvilla, el perfume de las albahacas, el beneficio del aloe, la diversidad de los cactus, la amarga propiedad de las olivas, los granos de maqui, la novedad de los melones que se arrastran apoderándose del espacio.

Sí, definitivamente, la huerta es una fuente de alegría. Parece que este año la playa se quedará esperándonos.


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 No importa quién planta o quién riega; 
 lo importante es que Dios hace crecer la semilla. 
El que planta y el que riega
 trabajan en conjunto con el mismo propósito. 
Y cada uno será recompensado por su propio arduo trabajo. 


1 Corintios 3:7-8 (NTV) 


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viernes, 16 de enero de 2015

El calor, la calor.

Generosidad en la ingesta de agua.
Zumos de fruta en abundancia.
Comidas de verduras.
Ropa ligera.
Exponerse al sol con cautela.
Sombrero, sombrilla, bloqueador solar.

Todo eso y mucho más ella lo ha cumplido fielmente.
Su piel blanca, su pelo claro, su mirada ¡ah! - ¿cómo no fijarse en esa maravilla fuera de lo común?-, un ojo verde y el otro amarillo, todo el conjunto la fragiliza frente a la ola de calor.

Me siento a esperar en el Hospital, área dermatológica, junto a un número considerable de pacientes.
Frente a mí la rubia de ojos extraordinarios.
Conoce todos los vericuetos del Hospital, la línea blanca, la roja, la verde que conducen a diversos departamentos; conoce al dedillo las enfermeras, los doctores, los visitadores médicos.

-Han experimentado en mi piel, cuenta, como con un conejillo. Y todavía no saben cuál es mi mal. Todas las semanas me controlo para que este mal no avance. Personalmente he llegado a la conclusión que el sol no es mi amigo.

Hace un guiño a modo de sonrisa y se descubre el brazo repleto de manchas rojas y unas redondas cicatrices como quemaduras de cigarro.
No hay vergüenza en aquel lugar.
Todos somos pacientes sometidos a la esperanza de la sanidad completa, comprometidos con el futuro cuando la última cita se cumpla y el especialista nos felicite extendiendo el “carnet de alta”.

 Al momento de la despedida me lanza una recomendación:, no te expongas al sol y al calor, vive lo más sano que puedas, bebe harta agua y alégrate que solo es una alergia temporal.

 Sí, sin duda, mi alergia es casi una banalidad.



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¡El Señor mismo te cuida!
    El Señor está a tu lado como tu sombra protectora. 
 El sol no te hará daño durante el día,
    ni la luna durante la noche.
 El Señor te libra de todo mal
    y cuida tu vida.
 El Señor te protege al entrar y al salir,
    ahora y para siempre.



Salmos 121:6-8 (NTV)

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¡Qué gran promesa la del Salmo!
Creo que Dios mantiene vigente su Palabra.




lunes, 5 de enero de 2015

Mío, mío, mío.


- A ti parece no interesarte ninguna cosa, me dice con tono de reproche.
- Si te refieres a “cosas “ -le digo-, no demasiadas.

Después de perder una biblioteca completa en préstamos de libros que nunca regresaron, puedo perder cualquier cosa.
Después del robo de aquel anillo de oro que me costó la módica suma de mi primer sueldo puedo soportar cualquier robo.
Después que fui aval y tuve que asumir una deuda ajena… en su totalidad (boba ¿no?)
Después de recibir la noticia “el hermano equis se ha suicidado”.
O aquel que hirió al muchacho directo al corazón…

En fin, después de toda la amplia gama de desilusiones se podría soportar ¿cualquier cosa?, mmm…. no estoy tan segura.
No me creo inmune a la codicia de algunas cosas. Un amigo decía con cierto cinismo "todo ser humano tiene su precio".
Y soy humana.
Necia.
Inconstante.
Insociable.
Indiferente.

Como lo describe tan bien A.W. Tozer en su libro “La búsqueda de Dios” “Está dentro del corazón humano una raíz dura de la naturaleza caída cuya ansia es de poseer. Se ambicionan cosas con una pasión profunda y feroz. Los pronombres “mi” y “mío” se ven bastante inocentes cuando uno los escribe, pero su uso constante y universal es significativo. Ellos expresan más que mil volúmenes de teología referente a nuestra naturaleza. Esas pequeñas palabras son una muestra verbal de una profunda enfermedad. El amor a las cosas materiales ha echado raíces profundas que no queremos removerlas ante el peligro de morir sin ellas. Las cosas se han transformado en tan necesarias como nunca debió ocurrir. Los dones que Dios nos ha dado han tomado el lugar de Dios y esa sustitución monstruosa ha trastornado todo el curso de la naturaleza.”


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No amen las cosas materiales del mundo, ...
estas son las cosas que el mundo nos ofrece: 
Deseos perversos, 
la ambición de tener todo lo que vemos, 
y el orgullo de poseer muchas riquezas. 

Lo dice el apóstol Juan en su Primera Carta 2:15-16 (paráfrasis) 

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Razonable ¿no?