jueves, 28 de noviembre de 2013

Ruta del Maule (1)

al  principio es la sensación 
antes incluso de emprender la marcha 
uno ya está de viaje 

(Enrique Cabezón) 

Días de sol, mar y ríos. 
La ruta tiene el privilegio de llegar hasta la desembocadura del río Maule con el Océano Pacífico, rocas petrificadas se yerguen entre las aguas, pequeñas caletas de pescadores y árboles, árboles, árboles, un marco perfecto a toda la orilla, poblados de asombrosa limpieza (ni siquiera un papel sobre las veredas). 
Viajo en un bus lento, cada pueblo es un descubrimiento, plazas de provincia adornadas de maderas, no se ven esas horribles rejas de fierro que caracterizan Santiago. 
Deseo que el viaje se prolongue, ni siquiera dormito en la ruta, los ojos se llenan de verde, tantos tonos de hojas, cerros pródigos y seres humanos de andar moderado y tranquilo. 
Adopto la misma actitud, no quiero desentonar. 
De inmediato olvido el tráfago incesante de mi barrio, el apuro por cruzar las calles, las bocinas apremiantes, la estridencia, las aglomeraciones en el Metro, la angustia en los rostros capitalinos. 

¿Podría quedarme a vivir en lugares como estos?
Vaya pregunta que me hago.


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Tú (Señor), con la lluvia, cuidas de la tierra, 
y en gran manera la fecundas y enriqueces. 
Llenas de agua tus corrientes caudalosas 
y preparas el grano, cuando así lo dispones. 

Haces que los surcos se empapen y que se nivelen los terrones; 
con tus lluvias los reblandeces, y bendices sus renuevos.

Con tu bondad engalanas el año; 
a tu paso vas esparciendo abundancia. 

Los pastizales del desierto se ven rebosantes, 
y las colinas se revisten de alegría; 
los llanos se saturan de rebaños, 
y los valles se tapizan con trigales. 

¡Todo canta y lanza gritos de júbilo! 

Salmos 65:9-13 

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(Fotografía de la desembocadura del  río Maule, zona centro de Chile) 


lunes, 25 de noviembre de 2013

¡Qué vida, mi vida!

- Pucha, mami, no me avergüences . 
-¿Qué quieres ahora? 
-Que me pases el auto. 
-¿Estás soñando?, vengo a las compras, ¿cómo quieres que las traslade? 
-Mamita, tú puedes irte en taxi. 
-Hijo, ¿no crees que te estás pasando de la raya? 
-Pero, mami, tú tienes dinero, yo soy el que ando pidiéndote siempre. 
-Bueno sería que trabajaras. 
-Sabes que las pegas están escasas. 
-Claro, cuando uno se levanta a las dos de la tarde. 
-No seas pesada. Sabís que me acuesto tarde. 
-Por salir con los amigos. 
-Ya po, mamá ¿me prestas el auto o no?
-No. 
-Pero, ¿qué te cuesta? 
-Me cuesta, ya tienes treinta años y todavía me pides dinero. 
-Por favor, no me avergüences. 
-Y tú, la carita de santo. 
-Porfa, pásame el auto, no seas tacaña. 
-Ya, ahora yo soy la tacaña. 
-Pero, mami, una vez, solo esta vez, te juro que no te molesto más. 
-Ya, déjame en un taxi. Eres un vivo. 
-Y tú, preciosa. 
-Márchate luego y pone bencina al estanque. 
-Ay, ando planchado, ¿me prestas unos billetes? 
-¡Qué vida mi vida!, ahí tienes, y no manejes ebrio, que no voy a ir de nuevo a sacarte de la comisaría. 
-No, mami. 



(Lugar: Sin querer he sido testigo de este diálogo en el estacionamiento de un supermercado.)



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La vara de la disciplina imparte sabiduría,
 pero el hijo malcriado avergüenza a su madre. 


Proverbios 29:15


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martes, 19 de noviembre de 2013

Fina.

-Debería beber agua, tiene los tobillos hinchados. 

-Perdóname, tú sabes que soy fina, solo bebo vino. 

-Pero si apenas tiene recursos para  tomar  agua.

-Por eso mismo, si alguien va a hacer caridad conmigo, que la haga a mi gusto. 

-El vino le hace mal para la sangre. 

-Y ¿crees que el agua me va a mejorar? 

-Por lo menos le aliviará esa hinchazón. 

-Hija mía, a mis años, si he de morir, que sea contenta ¿no dice tu Biblia que el vino alegra el corazón? 


(Diálogo que escuché  entre una madre y su hija 
Por cierto, algunos galenos dicen que el vino es antioxidante ¿será?) 



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No dejes que te atraiga lo rojo del vino; 
¡que no te deslumbre su brillo en la copa! 
Suavemente se desliza por la garganta, 
pero al final muerde como serpiente; 
¡causa más dolor que una víbora!
 Hará que tus ojos vean cosas extrañas, 
y que tu corazón diga cosas perversas.
Creerás estar dormido en medio del mar, 
o acostado en la punta del palo mayor, y dirás: 
«Estoy herido, pero no me duele; 
estoy molido, pero no lo siento. 
¿Cuándo voy a despertar, para ir por más?» 



 Proverbios 23:31-31 


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jueves, 14 de noviembre de 2013

El café que me es negado.

Era la bebida por excelencia hasta que apareció el mate. 
El café (cuenta la historia que un cierto etíope fue el iniciador de tal delicia….) ha sido el néctar de las mañanas y el festejo amigable de las noches. ¿Acaso no se han perdido o ganado guerras alrededor de una taza de café? ¿No soñamos el mundo conversando las utopías juveniles envueltos en su memorable aroma?

Pero –ay-, llega el galeno de los terrores y extirpa hábitos como quien despluma una gallina, usted no puede tomar vino (no bebo, doctor), ni fumar (tampoco), ni frituras (a veces), menos puede comer ají, crema, mayonesa, merquén, chocolate o beber café. 
Ni té, bla, bla, bla… 
Solo por una simple alergia que, como agente secreto, no puede descubrirse. Ni cultivos cutáneos, ni exámenes que me han costado “un ojo de la cara” han podido detectarla, sigue viva y maligna como el pecado original. 
Me rindo. 
Abstenerme de todo. 
Ergo, vida sana a ultranza es la consigna


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Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; 
Y todo cuanto se puede desear, 
no es de compararse con ella. 

Proverbios 8:11 

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lunes, 11 de noviembre de 2013

Navidad en noviembre.

Entro al supermercado y ya es Navidad. 
Voy al barrio Meiggs y YA es Navidad. 
Leo mi revista favorita y todas las sugerencias son qué regalar esta…Navidad. 
Llego a la clase de niños y ensayan…sí, adivinaste, canciones de Navidad. 

Con razón al día siguiente del 25 de cada diciembre las personas se vuelven locas con las predicciones de Año Nuevo, las fiestas, los fuegos artificiales y eso de comer lentejas, usar ropa interior amarilla y brillar con los labios rojo-pasión. Los pobrecitos quedaron saturados de viejos pascueros de barba blanca y toda la parafernalia de papeles plateado-morado-dorado-grana y verde. Pasarán un año sin oír, ver, oler o comer algo que les recuerde las fiestas navideñas.
Y, claro está, sin hablar de Jesús.




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«Soberano Señor...
 He visto tu salvación, la que preparaste para toda la gente. 
Él   (Jesús)  es una luz para revelar a Dios a las naciones, 
 ¡y es la gloria de tu pueblo Israel!».


Evangelio de Lucas 2:30-32

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miércoles, 6 de noviembre de 2013

El trabajo de escribir.

"¿Qué será de mis versos? ¿Quién los leerá?", se pregunta un poeta.
Detrás de las interrogantes surgen otras. ¿Importa que alguien lea lo que escribimos?
Vaya que sí importa, el leitmotiv (*) de la vida es nuestro reflejo en los otros.

A veces nos persigue una idea, otras estamos vacíos y secos.
Nada de pensamientos brillantes, apenas imágenes y destellos que quieren hacerse palabras y no lo logran.
La mayor parte de los días luchamos con la cotidianeidad de las cosas, acostumbrados al color y  sabor de la costumbre.
Mi amigo F. siempre dice que el trabajo de crear es un 5 % de inspiración y 95% de transpiración. 
Cuando pareciera que no tenemos a qué echar mano dentro de esa rutina abrumadora,  surge una frase, unas líneas que se abren paso entre la selva y el cemento como las raíces del chamico que alucinan y purifican.
La revelación nos toca y vislumbramos la plenitud.
En ese instante solo quiero que Su ojo, la mirada que rodea la tierra, se pose en esas líneas, solo eso justificará el trabajo, las lágrimas, el desaliento y la inquietud. 
Si hay lectores fieles es un regalo adicional de Su gracia.


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Jesús fue a Nazaret, 
donde se había criado, 
y en el día de reposo entró en la sinagoga, 
como era su costumbre, 
y se levantó a leer

 Evangelio de Lucas 4:16
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 (*) http://www.wordreference.com/es/en/frames.asp?es=leitmotiv

lunes, 4 de noviembre de 2013

Evangélicos (parte 2)

En la ceremonia a la que asistí se habla de “nuestras raíces”, de “nuestros precursores”, aquella antigua prédica con “lágrimas” de los pioneros, el honor negado, la ley que a los evangélicos les dio un día festivo y un supuesto reconocimiento como iglesia, aunque los legisladores apenas terminado el momento seguirán promoviendo leyes absolutamente opuestas al espíritu del evangelio con una tenacidad vergonzante. 

Día feriado el recién pasado 31 de octubre (semejante a los vidrios de colores que trajeron los conquistadores para dar a los indígenas), una fecha donde los ciudadanos andan preocupados de hallowen, celebración extraña auspiciada por el marketing y el “retail” con amplia fanfarria; nada de Dios, Jesús o evangelio, “no junta ni pega”. 

Algunos congresistas dirán en algunos medios (prensa, tv) palabras de buena educación, de política electoral, esa vaga diplomacia característica de los que desean quedar bien con Dios y con el otro, discursos dirigidos hacia una iglesia que está en constante crecimiento y que siempre ha sido la hermana pobre del cristianismo. Por cierto, ellos saben que las nuevas generaciones están cambiando ese prototipo, muchos estudian carreras universitarias, posgrados y serán profesionales que no se avergüenzan de ser pentecostales, bautistas o presbiterianos y claro está, son votantes. 



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“Esta confianza la tenemos mediante Cristo para con Dios. 
No que estemos capacitados para hacer algo por nosotros mismos; 
al contrario, nuestra capacidad proviene de Dios, 
el cual asimismo nos capacitó para ser ministros de un nuevo pacto, 
no de la letra, sino del Espíritu, porque la letra mata, 
pero el Espíritu da vida.” 


2 Corintios 3:4-6



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