Cada noche realizo un periplo nocturno observando el cielo.
Gracias a Dios la avenida es ancha y permite una vista circular, hoy había luna llena.
Tal vez no es una novedad, por cientos de años los planetas están en órbita e incontables generaciones han sido iluminadas en su nocturnidad; pero no todo mundo disfruta su noche, por razones diversas que podemos deducir sin mucho esfuerzo.
Es por esa razón que me parece cada día con sus respectivos atardeceres y noches, una maravilla que no podemos pasar por alto.
Vemos en nuestra piel el paso del tiempo; podemos ver la eternidad observando esos destellos en la oscuridad. La luna que estuvo antes de tu llegada, la luna que estará después que te vayas.
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Esta es la oración al Dios de mi vida:
que de día el Señor mande su amor,
y de noche su canto me acompañe.
Salmos 42:8 NTV
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