lunes, 24 de julio de 2017

Aztecas, nazis, españoles.

¡Qué poder tienen las palabras!
Me ha maravillado la polémica – artificiosa por cierto- que han generado hace algún tiempo los medios a raíz de ciertas comparaciones,  aztecas con nazis ¿será para adquirir audiencia en las redes sociales?

La historia ya sucedió y es irreversible.
Las crueldades pasadas se han trasmitido de generación en generación,  las podemos palpar aún hoy, en este minuto en nuestro “civilizado y moderno” siglo XXI.
En Chile todavía se riñen y descalifican O’gginistas con Carreristas. Y eso ocurrió en el 1800.
Balmacedistas con congresistas.
Los pinochetistas con comunistas.
Y más, en las iglesias evangélicas, fundamentalistas con pentecostales.

Recuerdo con nostalgia a mi compañero de aula Rigoberto, con voz lírica recitaba en medio de la sala aquel famoso poema de Darío “Los motivos del lobo” y su voz se quebraba cuando llegaba a la frase Francisco responde:  
"En el hombre existe mala levadura. 
Cuando nace, viene con pecado. 
Es triste. 
Mas el alma simple de la bestia es pura.” 
¿Tenían los aztecas esa “mala levadura”?
Qué duda cabe.
La tenían los españoles, los nazis y nosotros.
Y no es simplificar, si lo profundizamos un poco podemos acudir al apóstol Pablo y su discurso a los romanos: "Porque lo que de Dios se conoce es evidente entre ellos pues Dios hizo que fuese evidente. Porque lo invisible de él —su eterno poder y deidad— se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas de modo que no tienen excusa. Porque habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias; más bien, se hicieron vanos en sus razonamientos, y su insensato corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios se hicieron fatuos y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen a la semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. "
 Y remata el capítulo uno:
"Se han llenado de toda injusticia, maldad, avaricia y perversidad. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, mala intención. Son contenciosos, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de males, desobedientes a sus padres, insensatos, desleales, crueles y sin misericordia. "

¡Vaya foto que nos ha tomado el apóstol!
Reflexiono y considero lo crueles que podemos ser, lo inmisericordes y me estremezco con un escalofrío. Soy parte del todo, es mi historia, la americana, la europea, la asiática, no podemos soslayar las responsabilidades colectivas.
Aun así,  a pesar de todo, el Creador nos extiende su misericordia cuando –según algunos- debería aniquilarnos.
Gracias a Dios que sigue siendo Dios.
Porque hasta se han atrevido a endilgarle culpas.
¿Seremos?



4 comentarios:

Susana M dijo...

El hombre es así por naturaleza. Un beso.

Fernando dijo...

Así es, Ojo Humano. La tendencia al mal, y en concreto a la violencia, está en todos nosotros. Sólo la ayuda de Dios y nuestro esfuerzo constante pueden salvarnos de la locura.

El problema, en las sociedades secularizadas (como Chile o España) es que todo esto se ha perdido: el sentido de la culpa, la lucha contra las malas tendencias, la confianza en Dios. Todo lo que uno quiere hacer parece que es correcto hacerlo, si no no te "realizas". La vida cotidiana se ha vuelto muy molesta por eso: el automovilista se cree por encima del peatón y del ciclista, el ciclista se cree por encima del peatón y del conductor, el peatón se cree por encima del conductor y del ciclista. Nadie cede, todo es violencia, todo es pecado.

ojo humano dijo...

También por naturaleza es alegre y tierno, aunque a veces no se nota, Susana.
Un abrazo.

ojo humano dijo...

Fernando, diste en el punto, todo parte cuando dejamos de lado a Dios. Somos seres inclinados a la violencia. Y claro, el ambiente no ayuda mayormente a pacificar los ánimos, por el contrario exalta demasiado los derechos humanos de unos en desmedro de otros, como está pasando estos días con el aborto.