lunes, 6 de febrero de 2017

Vidas incompletas (1)

Jamás salió de su localidad.
El día que se decidió a conocer el mundo –ya frisaba los 40-, en el límite de la villa se bajó sofocada del bus, crisis de pánico con vómitos y todo.
Ana no conoció un cine.
Ni un museo.
Ni siquiera una plaza donde se enamoran los muchachos.
Nunca visitó el Mercado Central, el barrio Meiggs o la Quinta Normal.
Menos anduvo en Metro.
No supo qué color tiene el mar y o el olor de los bares clandestinos.
Las catedrales le fueron desconocidas y nunca viajó en tren, avión o barco.
No le interesaba ir a un Mall o al Persa Bío-Bío, delicia de coleccionistas y anticuarios.
Cuando la conocí no vi en ella nada anormal, era pacífica y risueña. No quería conocer nada del mundo más allá de su trozo de terreno donde era perfectamente feliz, criaba sus tres hijos, amasaba su pan, cultivaba todo tipo de hierbas y flores, cantaba en una pequeña capilla y sagradamente caminaba las tres cuadras con sus niños al colegio.
Según mi opinión su vida era incompleta.
Según ella, tenía todo lo que quería.
Y posiblemente -debo conceder-, el tiempo le ha dado la razón.



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 "También vi que el que corre más rápido 
no siempre gana la carrera; 
el ejército más poderoso 
no siempre gana la batalla; 
el más sabio 
no siempre consigue dejar de ser pobre; 
el más astuto 
no siempre consigue hacerse rico y 
una persona educada 
no siempre recibe la recompensa que merece. 
Todos tienen sus buenos y malos tiempos. 


Eclesiastés 9:11(PDT)
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(Fotografía del Cajón del Maipo)

6 comentarios:

Susana M dijo...

Tal vez tenía lo más importante. Un beso.

Fernando dijo...

Bueno, Ojo Humano, es difícil saber quién de las dos tenía razón. Yo a veces sufro -ya los sabes- por no viajar a Roma o a otras ciudades bonitas, siento que mi vida es incompleta. Pero luego, al ver un bonito atardecer sobre los tejados de Madrid, al pasar un día sin ningún dolor o preocupación, al recibir la llamada de un amigo del que no sabías hace mucho, sientes que tu amiga tenía razón: hay pocas cosas importantes, todas están cerca de uno.

"Sagradamente": qué bella palabra.

ojo humano dijo...

Eso decía ella, Susana.
Un abrazo.

ojo humano dijo...

Fernando, así es. Tal vez todos tenemos algo de eso y necesitemos no tanto viaje o taaaanto de la oferta mundial. Pero también es lindo viajar, conocer y compartir. Aunque yo tampoco viajo mucho, me gusta Santiago, estas vacaciones me he dedicado a conocerlo, hay realmente unas bellezas, sin duda no tanto como las de Madrid (o Roma), pero para mi está muy bien.

Silvia Parque dijo...

La cosa está en qué le hace a una feliz. ¿Por qué decidió un día, conocer el mundo? ¿Se habrá conformado porque se sentía confortada o porque se sentía incapaz? ¿Se habrá resignado como "cambiar de signo" (significado) o como adaptarse a lo que hay por miedo a volver a intentar? El tema me resulta interesante.

ojo humano dijo...

Estimada Silvia, en realidad nosotros le contamos de lo que se había perdido, sintió curiosidad. No fue suficiente, salir del lugar le daba vértigo.