lunes, 20 de febrero de 2017

Santiago es adictivo.

Decidí que estas vacaciones de verano las viviría en Santiago, mi propia casa.
Aparte del considerable ahorro que significa arrendar una cabaña en cualquier playa, ahorro -por cierto- para fines superiores.
He estado aquí tantos años y apenas conozco la  ruta turística.

Después de una buena siesta –con la tele encendida-, caminaría por los parques de la Capital, vagaría por sus calles olorosas a orines y buganvilias, bebería algo en cualquier sucucho de malamuerte, buscaría los atardeceres entre los árboles del barrio, viajaría sin rumbo, visitaría algún museo, todos los cerros,  leería hasta la madrugada y –contraviniendo al galeno- comería carne asada con papas fritas,  chicharrones, algún capuchino con leche de coco y toda suerte de panes acompañados de embutidos donde me pillara el hambre.
Es exactamente lo que hice.
Solo que hoy –de retorno a la rutina- no encuentro manera de hacerme regresar.


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Luego dijo Jesús: 
«Vengan a mí todos los que están cansados 
y llevan cargas pesadas, 
y yo les daré descanso.
Mateo 11:28

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 (Fotografía del cerro Huelén, un oasis en medio de la ciudad)


4 comentarios:

Fernando dijo...

Pues está muy bien pensado, Ojo Humano. Yo camino mucho por Madrid y siempre hay iglesias, museos o barrios por descubrir. No hay que ir lejos. Sin duda, en Santiago ocurrirá lo mismo. Apenas sé nada de la ciudad. Hay muchos españoles que hacen turismo en Estados Unidos, bastantes en México, algunos en Argentina y casi ninguno en Chile. Así que he mirado con curiosidad la página del guía para conocer Santiago.

Lo más simpático es lo de la libertad para comer. ¡Es así! Tantas represiones durante el año, es bueno por unos días comer y beber lo que a uno le dé la gana.

ojo humano dijo...

Así es, Fernando. Lo pasé increíble, han sido unos estupendos días, sin horarios, sin mapas, solo a como fuera saliendo el momento. Vi unas películas geniales (según yo) y me dormí de madrugada.
Hoy ya instalada en la rutina tengo esa sensación agradable que deja una época bien aprovechada. Doy gracias a Dios por las posibilidades y los recursos que nos provee para disfrutar.

Susana M dijo...

No hace falta ir muy lejos para disfrutar. Un beso.

ojo humano dijo...

Exactamente, Susana.
Y más aún, se optimizan los recursos.
Un abrazo.