viernes, 23 de agosto de 2019

Cuando te traiciona la gramática.

Hace unos días asistí a una clase de “Circo”.
Sí, una encantadora chica nos enseñó -jugando-, algunas técnicas de ritmo, respiración y cognición.
Y entre todo ella permitió que dijéramos palabras tal como sonaban sin preocuparnos de las faltas de ortografía.
Para mi mente escritora fue –en principio- un conflicto. Pero luego superé el momento, era un juego, nada es tan definitivo en el idioma y no estamos presos de la RAE.
Sencillamente me dispuse a disfrutar sin cuestionar y he  decidido a no andar por la vida haciendo que las personas se sientan mal porque escriben con Hache o sin ella, o por Ye o Lle, cuestión importante en documentos oficiales, pero insustanciales en las relaciones humanas.
Sin contar cómo escriben los jóvenes en las redes sociales, donde  las reglas del idioma apenas se notan.
Trabajo en mi proceso de redefinir algunas formas, entre ellas el modo en que usamos el lenguaje; ¡vaya!, el Señor Jesucristo me ha dado algunas lecciones de perdón y tolerancia.
Defiendo el uso del español hasta donde se pueda, con la oleada de inmigrantes que ha llegado a Chile todo está cambiando y no seré yo la que detenga esos cambios.



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Han oído que se dijo: 
«Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo». 
 Pero Yo les digo: 
«Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen». 
 Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; 
pues Él hace que Su sol salga sobre malos y buenos, 
y manda la lluvia sobre justos e injustos. 
Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, 
¿qué premio recibirán? 
Hasta los que cobran impuestos para Roma se portan así. 
 Mateo 5:43-46

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2 comentarios:

Susana dijo...

Hay que cuidar el idioma hasta cierto punto. Un beso

ojo humano dijo...

Eso creo, Susana.
El idioma es algo dinámico y flexible, es una la que a veces desentona.
Un abrazo.