jueves, 13 de julio de 2017

Autonomía (parte 3)

El resfrío me ha dejado muda.
Sin habla.
Silenciosa como una puerta de casa nueva.
Ni un ruido emiten las cuerdas bucales.
Parezco salida de una peli de Chaplin, tanta mímica para darse a entender resulta cansadora. Me armo de paciencia, será temporal, me digo y trato de abrigar la garganta, miel con limón, té tibio con jengibre, nada muy caliente ni muy frío ordena el doc.

La mudez es un estado poco notorio, de las 217.688 personas que contabiliza el último Censo no conozco ninguna.
Estar unos días en silencio hace bien, mucha lectura, varias películas, experimentos culinarios.
Enmudecer para siempre es otro cuento, no lo querría de ninguna forma.
¿Se imaginan vivir sin cantar?


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¡Cuán bueno es alabarte, Señor! 
Bueno es, Altísimo, cantar salmos a tu nombre, 
anunciar tu misericordia por la mañana, 
y tu fidelidad todas las noches, 

 Salmos 92:1-3 

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4 comentarios:

Fernando dijo...

Cualquier habilidad que nos falta es una gran pérdida, Ojo Humano. Sólo he pasado una vez por la mudez: desde entonces no volví a descuidar la bufanda en invierno.

Hazte con un cuaderno y un boli: es más cansado pero más digno que estar haciendo mímica. Y seguro que con esas bebidas y con reposo te recuperas pronto.

Conforme con lo del canto: aunque no se tenga buena voz, es uno de los grandes placeres de la vida.

Susana M dijo...

Que te mejores pronto. Un beso

ojo humano dijo...

Gracias por la sugerencia, Fernando.
Con limón y miel se va pasando. Harto abrigo, hasta duermo con un pañuelo en la garganta, mis amigas se ríen cuando les cuento que me visto de noche como para ir de viaje a la nieve.
Y sí, cantar es una de las grandes bendiciones. Hay bellas canciones en nuestro repertorio moderno.

ojo humano dijo...

Gracias, Susana.
Estamos en eso...
Un abrazo