jueves, 6 de julio de 2017

Autonomía (parte 1)

Generaciones pasadas esperaban que los hijos cuidaran a los padres.
 En estos días es un poco diferente, los hijos se van al extranjero, a las regiones, los padres envejecen añorando los almuerzos familiares, esa  vida de hogar  con los niños, sus amigos, tiempo aquel donde la soledad estaba lejos 
-No quiero llegar a vieja y ser una carga para nadie, dice una amiga.
-Yo trabajo y “me saco la mugre” para ahorrar y  tener dinero en mi vejez, acota otra. Así no dependo de nadie.
 
Una gran cantidad de personas –incluso el gobierno lo promueve- desean ser autónomas, auto-valentes e independientes, no solo en el presente sino también en sus últimos días.

Atado –literalmente- a una cama de Hospital, enojado con el sistema, con la familia, incluso conmigo que lo visito de buena voluntad, el padre de mi amiga Ve., no solo está disgustado sino aburrido del tiempo inactivo, de los dolores,  de sus enfermedades,  además de la falta de autonomía.
La libertad de movimiento,  desplazarse donde le diera la gana ha cesado, está en “stand-by”, por decirlo de alguna manera.  Acumula rebeldía, se opone, quiere regresar pronto a casa, los doctores lo medican, las enfermeras lo vigilan día y noche, miran por debajo de las sábanas, se avergüenza de su perdida intimidad.

He regresado a casa pensando en lo frágiles y dependientes que somos, basta una pequeña e invisible bacteria, un inocente (a veces no tanto) resfrío o una comida en un restaurante que nos indigesta, y perdemos toda nuestra fortaleza.
La libertad mitológica de la que nos ufanamos cuando podemos movernos se transforma en un instante en esto, un lecho obligado, definitivamente una pesadilla.
Mientras más luchamos, más presiona su dominio, llámala enfermedad, ley, deuda o gobierno.
 

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Yo, pues, prisionero de  Señor, 
les ruego que ustedes vivan (anden) 
de una manera digna de la vocación con que han sido llamados.   
Que vivan con toda humildad y 
mansedumbre, 
con paciencia, 
soportándose unos a otros en amor,…

Efesios 4:1-2


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4 comentarios:

Susana M dijo...

Es triste perder la autonomía. Un beso.

Fernando dijo...

Es un gran problema, Ojo Humano. Cada vez más personas vivimos solas y no tenemos hijos. Esto está bien mientras uno está bien, pero llegan la vejez y la enfermedad y todo se complica. El Estado -al menos en España- no es capaz de cuidar de todos y tampoco creo que esa deba ser su misión.

Siento que el hombre se enojara contigo. A veces los enfermos se vuelven intratables.

Gran verdad la frase final. Vivimos atados por mil cosas.

ojo humano dijo...

Susana: Eso de perder es algo que si te sometes será menos triste y doloroso por lo inevitable.
Un abrazo.

ojo humano dijo...

He conocido mucha gente que va quedando sola, pronto será un problema para cualquier gobierno. Es bueno prevenir en nuestra salud dando pasos para mantenerla en buen estado...
Espero que tu verano te trate con amabilidad y lo disfrutes. Aquí el congelamiento nos atrapa en casa con todo tipo de estufas, frazadas eléctricas y de las otras, chaquetas, mantas...la nieve en los Andes ha llegado antes de lo esperado, blanca y radiante...brrr