miércoles, 10 de mayo de 2017

Atardecer de un día cualquiera.

Es el atardecer de un día de trabajo.
Los funcionarios caminan entre las hojas caídas de la vereda dejando sobre sus escritorios las peticiones que la comunidad hace al Municipio.
Los muchachos pasan riendo y conversando en voz alta, la juventud se mueve inquieta en sus cuerpos que cambian día a día, pareciera que les quedan estrechos.
El sol se detiene sobre la Cordillera de los Andes iluminando las grietas y los restos de nieve en las alturas.
Es el otoño que nos regala una luz dorada y fugaz, la belleza alienta el corazón, una brisa venida del poniente juega entre las hojas y alborota ligeramente los cabellos, la tarde se mueve como si hubiera trabajado sin parar y cansada espera recostarse en la oscuridad que bordea de sombra los objetos.
Poco a poco la ciudad se adormece, se encienden las luces de los departamentos, la televisión va proyectando las noticias del día y esbozando los pronósticos de un mañana hipotético. Decae el tráfico vehícular, desaparece la prisa. 
Hay tanta paz en la ciudad dormida, disfruto el silencio de la noche, silencio roto apenas por el canto de un zorzal que busca apresurado su nido.



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"Al anochecer,
 al amanecer 
y al mediodía 
oraré y clamaré;
y él (Dios) oirá mi voz."

Salmos 55:17 


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4 comentarios:

Fernando dijo...

Qué bonito.

El atardecer es un momento mágico del día. El otoño es un momento mágico del año. Se ve que ambos se juntaron y te inspiraron este bello post, Ojo Humano.

Saludos desde una mañana primaveral.

Susana M dijo...

Qué bonita estampa. Un beso.

ojo humano dijo...

Gracias, Fernando.
Es verdad, es muy hermoso este tiempo donde el cuerpo va cambiando hacia el frío, el cambio es paulatino, gracias a Dios. Me cuesta aprender a disfrutar el invierno, aunque es la época más reflexiva.

ojo humano dijo...

Estimada Susana. Un placer que andes por estos lados con temas un poco distintos a los tuyos. Se agradece.