jueves, 27 de abril de 2017

Regala libros.

Me regalan un libro.
Un amigo al que no veo desde un par de años, ha publicado una novela. De sopetón la coloca sobre mi falda –estamos asistiendo a un seminario-, “quiero que me des tu opinión”, me dice con voz terminante, como si yo fuera una especie de DRAE o se me conociera por crítica de literatura.
Es verdad, me gusta leer -hay una felicidad espectante en el solo acto de abrirlo- pero eso de tener la responsabilidad de comentarlo, más aún las 500 y tantas páginas está lejos de mis inclinaciones, amén del tiempo que por estos días tiene llena la agenda.

Recordé con nostalgia aquella joven que una Navidad me obsequió un libro, una suerte de obra difícil de entender, ella no tenía idea cuál era la diferencia entre uno bueno y uno…en fin, ese. Me lo regaló con tanto afecto que lo leí en un  "dos por tres". Ni siquiera recuerdo el título, solo pienso en  ella,  feliz al dar algo que me gustaría.

Aquella fue la suprema vergüenza de mis tiempos estudiantiles.  Le regalé un libro a mi profesora de Pentateuco sin leerlo antes, craso error que no he vuelto a repetir. Al poco tiempo me pregunta "¿ud leyó el libro que me regaló?". Reconocí que no y su comentario me dejó helada "pues era bien escabroso y subido de tono, por calificarlo de alguna manera".

Creo que un libro es un gran regalo -más aún por estos días que se celebró el Día Internacional del Libro, -domingo 23-, pero hay que tomar las mínimas precauciones, en especial si es tu profe, soltera, fundamentalista,  con  más de 40 años y el título no dice nada del contenido.
Supe de un pequeño de 6 años que supera a sus compañeros en lectura. Llega por las tardes a leer su Biblia con ilustraciones, regalo de cumpleaños de algún invitado.

Leer esto o lo otro es cuestión de perspectiva e intereses.
A unos los atrae la política, otros los poemas o la filosofía, grandes novelas o análisis teológicos.
También yo (mea culpa) leí alguna vez a una azucarada Corín Tellado, Cumbres Borrascosas, el Conde de Montecristo y Agatha Cristie, nunca negaré lo entretenidos que fueron.

Volviendo al presente ¿qué hago con este librote?
Tal vez me lleve varios meses dar una opinión, porque de eso estoy segura, tendré que leerlo, si un amigo escribe una obra de este grosor, amerita hacer el intento.
Ahí está, silencioso sobre la mesita de noche, iluminado por la luz tenue de una ampolleta led. Quizás hay guerreros esperando contar sus hazañas, o muchachas que mueren de amor, o tal vez un profeta con un mensaje apocalíptico, nada se puede saber hasta abrir las páginas, tal vez es una joya literaria ¿será?




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Cuando llegó a Nazaret, 
 la aldea donde creció,
 fue como de costumbre a la sinagoga el día de descanso
 y se puso de pie para leer las Escrituras.  
 Le dieron el rollo del profeta Isaías.
Jesús lo desenrolló y encontró el lugar donde está escrito lo siguiente:
 «El Espíritu del Señor está sobre mí,
    porque me ha ungido 
para llevar la Buena Noticia a los pobres.
Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados,
    que los ciegos verán,
que los oprimidos serán puestos en libertad,
     y que ha llegado el tiempo del favor del Señor ».


Lucas 4:16-19

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2 comentarios:

Fernando dijo...

Es bonito que tu amigo te pida tu opinión, Ojo Humano; hubiera sido aún más puro que lo hiciera antes de editarlo y así poder tener en cuenta tus opiniones.

Horrible lo de la profesora. Ciertamente, sólo conviene regalar libros que uno haya leído antes, si no hay un riesgo cierto de que te engañe la publicidad. Seguro que no te volvió a pasar nunca.

No hay que hacerse ningún problema con lo que uno ha elegido leer. Lo importante es disfrutar. Yo sólo leo novelas: si leyera historia o política sabría más cosas, pero no se trata de estudiar, se trata de disfrutar. Dicho esto, hay novelas y novelas, claro.

La caridad te exige leer el libro de tu amigo, sin duda, y hacerlo con atención. En casos así, yo me pongo una cuota diaria: lo voy a leer en dos meses, 60 días, 500 páginas entre 60 días dan 9 páginas diarias, no parece mucho sacrificio.

ojo humano dijo...

Bueno Fernando, ya empecé anoche, pero leí la magra suma de 3 páginas. Mucha descripción, muy poético, bien escrito pero un poco difícil, le haremos todo el empeño que la ocasión lo amerita. Todo libro merece la oportunidad hasta la página 50 -según mi regla- si no pasas de ahí, no hay nada que hacer. Me pasó con Conversación en la Catedral de Vargas Lloza, hice el intento 3 veces, después lo regalé...tal vez otro tuvo mejor suerte.