miércoles, 5 de abril de 2017

Orar con Los Salmos.

En mi limitada experiencia con la oración (todavía hay mundos paralelos inexplorados), he estado escuchando cómo oraban en Los Salmos, David, Asaf, Moisés.
Me ha sucedido algo singular, cada vez que los vuelvo a oír siento unas enormes ganas de repetir el ejercicio una y otra vez, como si en cada vuelta se abriera una veta desconocida que profundiza la impresión hasta desembocar en una cierta embriaguez, para explicarlo de alguna manera, sin haber bebido absolutamente nada.

Recuerdo un sueño.
El Palacio de la Moneda era rodeado por finos hilos plateados mientras un hombre iba caminando alrededor del edificio, orando. En cada vuelta dejaba una estela luminosa que cubría por completo la palidez del edificio.

Supe de unos monjes trapenses en Kentucky que practican sus oraciones con Los Salmos.
A veces siento que todavía estoy en la infancia de la oración, modulando palabras que no logro asir, que me quedan grandes, que apenas puedo tocar y luego se desvanecen con los acontecimientos cotidianos, las responsabilidades, el trabajo, el acoso de los sucesos diaros que pelean por un poco de atención.

Tal vez -y es un aviso- me decida a no atender el timbre, el teléfono, los trámites bancarios, las noticias, las labores de casa y me quede sumida en oraciones interminables sin definir el tiempo.


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 Cuando alguno de ustedes ore, hágalo a solas. 
Vaya a su cuarto, 
cierre la puerta y hable allí en secreto con Dios, 
su Padre,
 pues Él ve todo lo que se hace.

 Mateo 6:6 (paráfrasis)
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5 comentarios:

Fernando dijo...

Creo que haces algo muy sabio, Ojo Humano. Hay salmos alegres y tristes, de arrepentimiento y de agradecimiento, de petición y de queja. Alguien que los leyera de continuo comprendería todas las visiones que Israel tuvo de Dios, en lo bueno y en lo malo, en la victoria y en la derrota. Sigue usándolos, seguro que Dios los utiliza para sugerirte cosas nuevas.

(Escribo esto no porque yo los lea o rece con ellos: sólo los conozco de las lecturas en la misa.)

Susana M dijo...

Yo siento algo parecido con los salmos. Un beso.

ojo humano dijo...

Sí, Fernando, en eso estoy y sigo. Son una bendición sorprendente.

ojo humano dijo...

Qué bien, Susana.
Es todo un mundo lo que hemos descubierto.
Oro para que tengas salud.

Fernando dijo...

Estaré unos días fuera del blog, querida Ojo Humano.

Espero que tengas una buena Semana Santa.

Hasta pronto.